Salmo 10 – Desprecio (57)

Salmo 10 Maldad
Versículos 4-7: Desprecio
Bienvenidos a Miradas. Este salmo, cuyo autor desconocemos, describe una situación dramática de dominio de los malvados que abusan de los más débiles con sadismo y prepotencia despreciando a Dios y alardeando de sus maldades.
Ante este cuadro el salmista se queja ante Dios y describe la situación con un leguaje muy descriptivo y pide la intervención divina porque las víctimas de tanto abuso no pueden hacer nada, están indefensos.
La primera parte del salmo detalla el comportamiento de los malos y la segunda la petición del salmista.
Vamos a leer la primera parte y pondremos nuestra mirada de hoy en los versículos cuatro al siete que retratan de forma descarnada el desprecio que los malvados sienten hacia Dios.
Vamos a leer los versículos uno al once y repasaremos los versículos cuatro al siete.
Leemos esos versículos:
“¿Por qué estás lejos, oh Jehová, Y te escondes en el tiempo de la tribulación? Con arrogancia el malo persigue al pobre; Será atrapado en los artificios que ha ideado. Porque el malo se jacta del deseo de su alma, Bendice al codicioso, y desprecia a Jehová. El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos. Sus caminos son torcidos en todo tiempo; Tus juicios los tiene muy lejos de su vista; A todos sus adversarios desprecia. Dice en su corazón: No seré movido jamás; Nunca me alcanzará el infortunio. Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; Debajo de su lengua hay vejación y maldad. Se sienta en acecho cerca de las aldeas; En escondrijos mata al inocente. Sus ojos están acechando al desvalido; Acecha en oculto, como el león desde su cueva; Acecha para arrebatar al pobre; Arrebata al pobre trayéndolo a su red. Se encoge, se agacha, Y caen en sus fuertes garras muchos desdichados. Dice en su corazón: Dios ha olvidado; Ha encubierto su rostro; nunca lo verá”.
Vayamos ahora a los versículos cuatro al siete que atraen hoy nuestra mirada y que dicen así: “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos. Sus caminos son torcidos en todo tiempo; Tus juicios los tiene muy lejos de su vista; A todos sus adversarios desprecia. Dice en su corazón: No seré movido jamás; Nunca me alcanzará el infortunio. Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; Debajo de su lengua hay vejación y maldad.”. Es difícil hacer una descripción más completa de la maldad.
El salmista agrupa en dos párrafos su actitud, para con Dios en uno:
“El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos. Sus caminos son torcidos en todo tiempo; Tus juicios los tiene muy lejos de su vista”. Y su actitud de prepotencia insultante en el otro:
“A todos sus adversarios desprecia. Dice en su corazón: No seré movido jamás; Nunca me alcanzará el infortunio. Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; Debajo de su lengua hay vejación y maldad”. Horroriza leer esta descripción.
Pero, mucha más horroroso será comparecer ante Dios con tal historial.
Si es tu caso, busca el perdón de Dios antes de que te llame a su presencia, pues allí ya no habrá segunda oportunidad.