Salmo 10 – Demanda (59)

Salmo 10 Maldad
Versículos 12-15: Demanda
Bienvenidos a Miradas. Seguimos ocupándonos en mirar el salmo diez que retrata un situación que es bastante común en nuestros días, los abusos de los malvados contra los débiles.
Se inicia el salmo con una queja ante Dios, para, seguidamente, exponer ante Él los detalles del comportamiento malvado de los que burlándose de Dios se vanaglorian de su maldad que ejercen con crueldad.
Termina el salmo con un ruego fervoroso pidiendo la intervención divina y, seguidamente, confiesa el señoría absoluto de Dios y su juicio del que no podrán escapar los malos.
Para ver todo esto vamos a leer el salmo que dice así:
“¿Por qué estás lejos, oh Jehová, Y te escondes en el tiempo de la tribulación? Con arrogancia el malo persigue al pobre; Será atrapado en los artificios que ha ideado. Porque el malo se jacta del deseo de su alma, Bendice al codicioso, y desprecia a Jehová. El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos. Sus caminos son torcidos en todo tiempo; Tus juicios los tiene muy lejos de su vista; A todos sus adversarios desprecia. Dice en su corazón: No seré movido jamás; Nunca me alcanzará el infortunio. Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; Debajo de su lengua hay vejación y maldad. Se sienta en acecho cerca de las aldeas; En escondrijos mata al inocente. Sus ojos están acechando al desvalido; Acecha en oculto, como el león desde su cueva; Acecha para arrebatar al pobre; Arrebata al pobre trayéndolo a su red. Se encoge, se agacha, Y caen en sus fuertes garras muchos desdichados. Dice en su corazón: Dios ha olvidado; Ha encubierto su rostro; nunca lo verá. Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano; No te olvides de los pobres. ¿Por qué desprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho: Tú no lo inquirirás. Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; A ti se acoge el desvalido; Tú eres el amparo del huérfano. Quebranta tú el brazo del inicuo, Y persigue la maldad del malo hasta que no halles ninguna. Jehová es Rey eternamente y para siempre; De su tierra han perecido las naciones. El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído, Para juzgar al huérfano y al oprimido, A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra”.
Examinemos con nuestra Mirada el ruego apasionado del salmista que dice:
“Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano; No te olvides de los pobres. ¿Por qué desprecia el malo a Dios?
En su corazón ha dicho: Tú no lo inquirirás. Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; A ti se acoge el desvalido; Tú eres el amparo del huérfano. Quebranta tú el brazo del inicuo, Y persigue la maldad del malo hasta que no halles ninguna”.
Con estas palabras pide a Dios que se acuerde de los que sufren abusos por parte de los que, además, desprecian a Dios ostensiblemente.
Termina esta petición pidiendo el castigo para los opresores malvados.
El salmista no quiere vengarse sino que sea Dios el que intervenga para socorrer a los débiles y castigar a los que abusan inclementes de ellos.
Un buen ejemplo para los que sufren injustamente.