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Salmo 10 – Justicia (60)

Imagen del programa Salmo 10 – Justicia (60) en Radio Solidaria

Salmo 10 Maldad

Versículos 16-18: Justicia

Bienvenidos a Miradas. Hoy terminamos nuestro paseo por el salmo diez que nos ha dejado una brillante descripción de la reacción de un creyente ante los abusos, y demás maldades, de los que despreciando a Dios se ceban en los más débiles e incluso presumen de ello.

El salmista se queja ante Dios porque no le ve intervenir y al final del salmo hace un ruego fervoroso pidiendo la ayuda de Dios para la situación.

Por último nos ofrece un cuadro de confianza en el señorío y poder de Dios y en su justicia que no permitirá la impunidad de los malvados.

Vamos a leer el final del salmo que incluye el ruego y la declaración de confianza en la intervención divina.

Leemos los versículos doce al dieciocho del salmo diez que dicen así:

“Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano; No te olvides de los pobres. ¿Por qué desprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho: Tú no lo inquirirás. Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; A ti se acoge el desvalido; Tú eres el amparo del huérfano. Quebranta tú el brazo del inicuo, Y persigue la maldad del malo hasta que no halles ninguna. Jehová es Rey eternamente y para siempre; De su tierra han perecido las naciones. El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído, Para juzgar al huérfano y al oprimido, A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra”. Después de leer esta segunda parte del salmo diez vamos a fijar nuestra mirada en los versículos dieciséis al dieciocho que dicen así: “Jehová es Rey eternamente y para siempre; De su tierra han perecido las naciones. El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído, Para juzgar al huérfano y al oprimido, A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra”.

Examinemos un poco estas palabras. Comienza con una rotunda afirmación:

“Jehová es Rey eternamente y para siempre; De su tierra han perecido las naciones”.

Es evidente que el salmista mira ahora al futuro reino de Dios implantado sin interferencia posible de los malvados. Pero, seguidamente, mira al juicio definitivo sobre toda maldad, pues dice:

“El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído, Para juzgar al huérfano y al oprimido, A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra”.

En estas frases dice tres cosas muy consoladoras para los que sufren a manos de los malvados.

En la primera dice: “El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído”.

Como una respuesta a la queja inicial del salmo, afirma que Dios no está distraído ni se desentiende, Dios escucha a los necesitados.

En la segunda frase dice:

“Para juzgar al huérfano y al oprimido”. Esto debe ser una seria advertencia para los que abusan porque Dios va a juzgarlos. Y la tercera frase es muy seria ya que señala a las consecuencias del juicio para los que no se arrepientan:

“A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra”.

Los que se glorían de su poder y violentan a los pobres lo pagarán carísimo y sin retorno.

Dios es justo.