Salmo 14 – Sin referencia (74)

Salmo 14 Proclamación
Versículo 1: Sin referencia
Bienvenidos a Miradas. En nuestro paseo por los salmos hemos llegado al salmo catorce, que también es de David, y que también reúne dos cualidades muy típicas de sus salmos, es breve y su contenido está muy bien organizado, pues esta magistral proclamación, se inicia con una denuncia, en los versículos uno al cuatro, continúa con una advertencia en los versículos cinco y seis y cierra el salmo con una visión de esperanza en el versículo siete.
Lo leeremos entero porque gracias a su brevedad podemos leerlo cada día y percibir mucho mejor el conjunto de su mensaje. Después de leerlo fijaremos nuestra Mirada con más detalle en el versículo primero.
Leamos pues el salmo para que sea la palabra de Dios la que ilumine nuestra Mirada.
El salmo dice así: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, Para ver si había algún entendido, Que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. ¿No tienen discernimiento todos los que hacen iniquidad, Que devoran a mi pueblo como si comiesen pan, Y a Jehová no invocan? Ellos temblaron de espanto; Porque Dios está con la generación de los justos. Del consejo del pobre se han burlado, Pero Jehová es su esperanza. ¡Oh, que de Sion saliera la salvación de Israel! Cuando Jehová hiciere volver a los cautivos de su pueblo, Se gozará Jacob, y se alegrará Israel”.
Después de repasar el texto de esta apasionada proclamación vamos a poner nuestra Mirada sobre el versículo primero, que es una valiente denuncia, para examinarlo con más detalle. Dice así: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien”.
La denuncia que hay en este breve versículo dice mucho en muy pocas palabras. Veamos:
Comienza afirmando que quien niega la existencia de Dios es un estúpido, ni más ni menos porque afirma: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios”.
Vamos que no es ni un sabio científico, aunque presuma de ello, y sus lecciones sienten cátedra; ni un sesudo filósofo, aunque sus seguidores lo tengan por tal y sus libros llenen las bibliotecas; ni un experimentado analista de la actualidad, aunque los medios lo aclamen; nada de eso, es, simplemente, un estúpido, porque con tantas evidencias ante sus ojos insiste en negarlo.
No es en balde que el sabio autor del libro de los Proverbios sentencia:
“El principio de la sabiduría es el temor de Dios”. Continúa el salmista denunciando con dureza pues acusa:
“Se han corrompido, hacen obras abominables”. Y es que cuando falta la sólida referencia de Dios ya no quedan límites para la conducta porque cada uno se pone los se le antojan y siempre hacia peor.
Pero la denuncia termina con otra afirmación todavía más inquietante, pues dice:
“No hay quien haga el bien”. Cuando desaparecen los límites la maldad se desborda y aumenta sin cesar.
La denuncia del salmista podría sustituir los titulares de portada de nuestros días, si alguien se atreviese a ponerlo, porque reflejaría la cruda realidad.