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El libro de la vida: 1 Reyes | Antiguo Testamento

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Continuamos hoy nuestro recorrido por el Antiguo Testamento, y llegamos al Primer Libro de los Reyes, que es el segundo en la serie de tres libros dobles.

Originalmente, los libros dobles constituían una sola obra. Un libro de Samuel, otro de Reyes, y el tercero, de Crónicas. La división que tenemos ahora, fue hecha por los traductores de la Septuaginta, o sea, los 70 que tradujeron el Antiguo Testamento del idioma hebreo, al idioma griego. Aunque el escritor es desconocido, sabemos que este libro fue escrito mientras todavía estaba en pie el primer templo.

Jeremías ha sido considerado tradicionalmente como el autor, aunque la erudición moderna, asigna la paternidad literaria a un grupo de escritores que denomina «los profetas».

La frase, «como David su padre», se encuentra 9 veces en el Primer Libro de los Reyes. Estamos siguiendo la línea de descendencia de David y cada uno de los reyes fue evaluado por la norma establecida por David. Fue una norma humana, pero los reyes ni siquiera fueron capaces de alcanzar esa norma.

Algunas secciones de esta historia fueron lamentables. Como historia, revelan la decadencia y caída del reino: primero el reino fue dividido y después, cada uno de los reinos cayó.

Ahora, en cuanto a los versículos claves, éstos revelan el énfasis del libro y podemos decir que hay tres versículos claves y los tres se encuentran en el Segundo Libro de los Reyes. Los dos primeros, describen la decadencia y caída del reino del norte y se encuentran en el capítulo 17, versículos 22 y 23 del Segundo Libro de los Reyes, donde dice:

«Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados que cometió Jeroboam y no se apartaron de ellos, hasta que el Señor apartó a Israel de delante de Su presencia, como lo había anunciado por medio de todos los profetas, Sus siervos. Así Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta el día de hoy.»

El tercer versículo describe la caída del reino del sur y se encuentra en el capítulo 25 del mismo Segundo Libro de los Reyes, versículo 21 y dice: «Y el rey de Babilonia hizo que los mataran en Ribla, en tierra de Hamat. Así fue llevado cautivo Judá lejos de su tierra».

El Primer Libro de los Reyes, relata la división del reino. Y el Segundo Libro de los Reyes, relata la ruina y caída del reino. Considerados los dos libros como una unidad, comienzan con el rey David y concluyen con el rey de Babilonia.

Estos dos libros, describen el gobierno del hombre, sobre el reino de Dios y los resultados, por supuesto, no fueron buenos.

Era necesario que el trono en la tierra actuase de acuerdo con el trono en el cielo, para que hubiera bendiciones para el pueblo. Sin embargo, como veremos más adelante, un plan puramente humano, tampoco podía conducir el plan de Dios a un fracaso. Estos dos libros de los reyes son, pues, una prolongación de la narración que comenzó en los dos libros de Samuel.

En realidad, los libros de Samuel juntos con los libros de los Reyes, pueden ser considerados como una unidad, ya que estos cuatro libros relatan la historia de la nación de Israel desde su tiempo de mayor extensión, influencia y prosperidad bajo David y Salomón, hasta la división; y por último, el cautiverio y el exilio de ambos reinos.

La enseñanza moral en estos libros es mostrarle al hombre su incapacidad para reinar sobre sí mismo y sobre el mundo. En estos 4 libros históricos, tenemos una perspectiva muy gráfica del apogeo y caída del reino de Israel. Veamos ahora brevemente el bosquejo que seguiremos en nuestro estudio de estos dos libros de los reyes.
En primer lugar, tenemos la muerte de David, en los capítulos uno y dos del Primer Libro de los Reyes.

Tenemos luego, en segundo lugar, la gloria del reinado de Salomón, que abarca los capítulos 3 hasta el 11 del Primer Libro de los Reyes. Y dentro de esta división de la gloria del reinado de Salomón, tenemos en los capítulos 3 y 4, que Salomón pidió sabiduría. Los capítulos 5 al 8, nos hablan de la edificación del templo. Los capítulos 9 y 10 nos describen la fama de Salomón. Y el capítulo 11, nos narra las dificultades y la muerte de Salomón.
En tercer lugar, tenemos la división del reino, que abarca desde el capítulo 12 del Primer Libro de los Reyes, hasta el capítulo 16 del Segundo Libro de los Reyes.

Ahora, en cuarto lugar, tenemos la cautividad de Israel por Asiria, que se encuentra en el capítulo 17 del Segundo Libro de los Reyes. Y en último lugar, tenemos la decadencia y la cautividad de Judá por Babilonia, que abarca los capítulos 18 al 25 del Segundo Libro de los Reyes.

Este es pues, el bosquejo que seguiremos en nuestro estudio de estos dos libros de los Reyes.

Salmo 15 – Ejemplar (79)

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Salmo 15 Condiciones

Versículos 1-3: Ejemplar

Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro viaje por el libro de los salmos y llegamos al salmo quince que también se atribuye a David y el cual nos detendremos un par de días para mirar de cerca su contenido.

Hoy dedicaremos nuestra Mirada a los versículos uno al tres.

Pero antes de fijarnos con detalle es esos versículos leeremos el salmo entero lo cual nos permitirá tener esa necesaria visión de conjunto que nos ayudará a fijarnos en los detalles.

El salmo se refiere a las condiciones necesarias para tener comunión con Dios.

Describe el comportamiento del que vive en el temor de Dios de manera habitual y hace esta descripción con una brevedad y rotundidad imponentes. El salmo quince dice así:

“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, Pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; Quien su dinero no dio a usura, Ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás”. Hasta aquí el salmo.

Después de leerlo nos fijaremos en los versículos uno al tres, que, a pesar de la dificultad para hacer divisiones en el conjunto del salmo, hemos separado como su primera parte.

Este comienzo del salmo dice así: “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino”.

Hay mucha densidad en estas pocas palabras.

La primera frase es la introducción general al salmo, pues dice:

“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?”.

Es decir, ¿Qué caracterizará a la persona que viva en comunión con Dios?, o dicho de otra forma, ¿que condiciones debe reunir quien quiera vivir en comunión con Dios?.

Seguidamente se nos ofrece la respuesta, que, en esta primera parte, tiene que ver especialmente con hablar. Iremos poco a poco resaltando cada frase. Veamos, la primera condición es:

“El que anda en integridad y hace justicia Y habla verdad en su corazón”, esta condición supone una plena coherencia con lo que se dice creer, incluso en los pensamientos del corazón, y, por lo tanto, con la voluntad de Dios.

Sigue diciendo el salmo: “El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo”.

No siempre somos conscientes del daño enorme que puede hacer lo que decimos si no se ajusta a la verdad y se refiere a los demás.

La calumnia después de pronunciada ya es una agresión irreversible contra el prójimo y amar al prójimo es el precepto básico de la vida social.

Pero el salmo, a pesar de su brevedad, no deja nada importante atrás, pues continúa diciendo:

“Ni admite reproche alguno contra su vecino”.

Es decir, no solo no le calumnia sino que tampoco admite las calumnias ajenas y sabemos muy bien que cuando damos oído a las calumnias siempre agregamos algo.

Así que lo correcto es cortar por lo sano y no decir ni escuchar calumnias.