Salmo 16 – Fuera errores (82)

Salmo 16 Dichoso
Versículo 4 Fuerra errores
Bienvenidos a Miradas. Hoy daremos nuestro segundo paseo por el salmo dieciséis.
Ya hemos dicho en nuestra primera aproximación a este salmo que se trata de una declaración muy completa de la dicha de un verdadero creyente que proclama su relación con Dios con sus hermanos en contraste con su rechazo total de los cultos falsos.
Además, se goza en ser heredero de Dios y acompañado por él en su vida presente y con la seguridad de vencer a la muerte y tener vida eterna con Dios.
Como es natural, vamos a leer el salmo para comprobar que lo dicho se corresponde con el texto del mismo, y después dedicaremos nuestra mirada de hoy al versículo cuatro que es un rotundo rechazo de los cultos falsos.
El salmo dice así: “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; No hay para mí bien fuera de ti. Para los santos que están en la tierra, Y para los íntegros, es toda mi complacencia. Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres. Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado. Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.
Después de leer todo el salmo vamos a concentrarnos con nuestra mirada en el versículo cuatro que dice así:
“Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres”.
Recordemos que en el comienzo del salmo el salmista hace una completa y firme declaración de fidelidad al Señor, confesándose dependiente y sumiso a Él y afirmando que nada le importa más en esta vida que su relación con Dios. Con esto en mente, fijémonos ahora en lo que dice en este versículo cuatro, comienza diciendo:
“Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios”. Servir, entregar la vida, a cualquier cosa fuera de Dios, siempre tiene malas consecuencias, nunca cumple los goces que promete.
Sabido esto, el salmista sigue diciendo:
“No ofreceré yo sus libaciones de sangre”. Todo el tiempo y esfuerzos, toda la dedicación a lo que aleja de Dios, en este caso los cultos idolátricos, es entregar la vida, robándosela a Dios, y el salmista se niega con firmeza. Y termina esta declaración, diciendo: “Ni en mis labios tomaré sus nombres”.
Es como si dijese, lo falso no merece ni mención, y mucho menos dedicarles una plegaria.
Después de esta breve mirada al versículo cuatro del salmo dieciséis nos queda un desafío personal:
No podemos compartir nuestra vida con Dios y, a la vez, con los atractivos de este mundo. Porque la amistad con el mundo es enemistad con Dios.