Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 16 – Futuro glorioso (85)

Imagen del programa Salmo 16 – Futuro glorioso (85) en Radio Solidaria

Salmo 16 Dichoso

Versículos 9-11: Futuro glorioso

Bienvenidos a Miradas. Hoy terminamos nuestro paseo por el salmo dieciséis y lo haremos de la mejor forma posible, mirando al futuro glorioso del creyente.

Pues ya hemos dicho en días anteriores que el salmo es una confesión de los motivos para ser.

«Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres. Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado. Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.

Vamos a mirar con atención el final del salmo, desde la segunda parte del versículo nueve hasta el once, que nos deja los dos últimos motivos del salmista para ser dichoso: Vencer a la muerte y una eternidad gloriosa.

Lo leeremos de nuevo para fijarnos bien:

Dice así: “Mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.

El salmista nos detalla los dos motivos últimos para ser dichoso, en primer lugar nos cuenta que Dios le ha garantizado que la tumba no será su final, que no se quedará allí para siempre, sino que iniciará otra vida en la cual Dios seguirá siendo guía.

Por eso morirá tranquilamente, confiado, seguro.

Pues el salmista afirma: “Mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida”.

En segundo y último lugar, la dicha del salmista es que Dios la ha dado una esperanza que penetra en la eternidad con Él, gozando de su gloriosa presencia para siempre.

Pues dice; “En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”. ¿Cómo no ser dichoso?

Si tienes esta esperanza, da gloria a Dios hoy.

Salmo 16 – Compañia divina (84)

Imagen del programa Salmo 16 – Compañia divina (84) en Radio Solidaria

Salmo 16 Dichoso

Versículos :7-9 Compañia divina

Bienvenidos a Miradas. Estamos casi terminando el salmo dieciséis, pues solamente nos queda un día más para concluir el agradable paseo que nos hemos dado por el mismo.

Hemos titulado el salmo como “dichoso”, porque es una declaración de cinco motivos que tiene el salmista para ser plenamente dichoso.

El salmista nos cuenta, en primer lugar, que su dicha se debe a que la dependencia de Dios da pleno sentido a su vida. Pero, además, esa dependencia le inmuniza contra los atractivos falsos de este mundo.

A esto agrega que tiene la dicha de ser heredero de Dios y que esa herencia es sublime.

Hoy nos detendremos en los versículos siete al nueve que nos recuerdan uno de los motivos de dicha del salmista David: la compañía constante de Dios en su vida.

Pero antes de dedicar nuestra Mirada a estos versículos vamos a leer una vez más el salmo completo para repasar las razones que tiene el salmista para ser dichoso.

Aun quedan otras dos importantísimas razones que tiene para ser dichoso y que veremos en los próximos días.

El salmo dice así: “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; No hay para mí bien fuera de ti. Para los santos que están en la tierra, Y para los íntegros, es toda mi complacencia. Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres. Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado. Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.

Seguramente ya nos hemos dado cuenta que el salmista tiene motivos sobrados para estar dichoso.

Ampliemos hoy nuestra Mirada para fijarla en los versículos siete al nueve que cuentan la dicha de su comunión íntima con Dios, pues dicen así:

“Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma”.

Veamos los componentes de esa comunión con Dios que produce tanta dicha.

Tiene tres razones para gozarse en esta comunión.

En primer lugar, Dios le asesora día y noche, pues dice: “Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia”.

En segundo lugar, Dios es la referencia de su caminar, es su brújula, su ge pe ese, que le marca el rumbo, pues dice:

“A Jehová he puesto siempre delante de mí”.

Es decir, sigue a Dios en su vida diaria, obedeciendo su palabra. En tercer lugar, Dios es su defensor en las dificultades, pues añade: “Porque está a mi diestra, no seré conmovido”.

Así que, Dios es su Consejero, su Guía y su Defensor. ¿Cómo no estar dichoso?