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Salmo 17 – Ayúdame oh Dios (87)

Imagen del programa Salmo 17 – Ayúdame oh Dios (87) en Radio Solidaria

Salmo 17 Apoyo

Versículos 4-7: Ayúdame

Bienvenidas a Miradas. Seguimos viajando por los salmos, la poesía más sublime, y, a la vez, muy práctica para la vida diaria de relación con Dios y con nuestros semejantes.

Hemos llegado al salmo diecisiete que es una oración de David pidiendo el apoyo divino a causa de sus enemigos.

Hoy nos detenemos en los versículos cuatro al siete del salmo en los cuales, después de pedir el respaldo de Dios, renunciando a tomar la justicia por su mano, como hemos meditado en los tres primeros versículos, en los que veremos hoy pide la ayuda misericordiosa de Dios, sobre todo en su propia vida, en su caminar diario.

Estos versículos, que hoy meditaremos, dicen así: “En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios Yo me he guardado de las sendas de los violentos. Sustenta mis pasos en tus caminos, Para que mis pies no resbalen. Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; Inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, De los que se levantan contra ellos”.

Comenzaremos nuestra reflexión poniendo nuestra Mirada sobre el primer párrafo de estos versículos que es el versículo cuatro donde dice así:

“En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios Yo me he guardado de las sendas de los violentos”.

Un conocido refrán dice “donde fueres, haz lo que vieres” pero el salmista no toma como referencia para su conducta lo que hacen los demás, sino la palabra de Dios. Para él no vale el “todos lo hacen” sino lo que a Dios le agrada.

A renglón seguido dice en el versículo cinco: “Sustenta mis pasos en tus caminos, Para que mis pies no resbalen”.

El salmista nunca se olvida que la seguridad en su caminar es mantenerse en los caminos de Dios siendo obediente a su palabra. Por esa razón, dependiendo de la orientación divina por medio de la escritura, puede pisar con firmeza aunque el camino sea resbaladizo. Pero, el salmista también sabe que cada día necesita la ayuda divina para mantener sus fuerzas, por eso sigue diciendo:

“Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; Inclina a mí tu oído, escucha mi palabra”.

En este versículo seis nos recuerda dos cosas muy interesantes, primero dice que se dirige a Dios porque sabe que será escuchado, para, seguidamente, pedir ser escuchado.

Dicho de otra forma, él sabe que Dios sabe lo suyo, pero necesita saberse escuchado.

Es algo así como, yo ya sé que me quieres, que para Ti soy importante, pero necesito sentirlo, por favor. Y nuestra Mirada de hoy se detiene para ver la
última frase, la que tenemos en el versículo siete y que dice así:

“Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, De los que se levantan contra ellos”.

Se repite con más intensidad la misma idea que acabamos de comentar.

David ya sabe que Dios es propicio a los que le buscan de veras, que los libra en la necesidad, pero necesita ser fortalecido experimentándolo una vez más, le hace falta ver la grandeza amorosa y salvadora de Dios en su vida para que su ánimo sea reforzado.

¿Tienes necesidades, angustias, dolor, inquietud?

Habla con Dios con franqueza, de corazón.