Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 17 – Defiéndeme (89)

Imagen del programa Salmo 17 – Defiéndeme (89) en Radio Solidaria

Salmo 17 Apoyo

Versículos 13-14: Defiéndeme

Bienvenidas a Miradas. Nuestra excursión por el libro de los salmos está llegando casi al final del salmo diecisiete.

Este salmo es una oración de David pidiendo el apoyo de Dios contra sus enemigos.

Comienza el salmo con la demanda del respaldo divino ya que el salmista no se ha tomado la justicia por su mano sino que recurre a Dios.

Sigue el salmista pidiendo ayuda para andar su camino con seguridad y ánimo, y pide también protección contra sus enemigos que son fieros y prepotentes.

Hoy detendremos nuestra Mirada sobre los versículos trece y catorce de este salmo diecisiete que estamos recorriendo en nuestras Miradas y en estos versículos el salmista reclama la intervención divina inmediata y detalla los motivos.

Estos versículos que meditamos hoy dicen así:

“Levántate, oh Jehová; Sal a su encuentro, póstrales; Libra mi alma de los malos con tu espada, De los hombres con tu mano, oh Jehová, De los hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta vida, Y cuyo vientre está lleno de tu tesoro. Sacian a sus hijos, Y aun sobra para sus pequeñuelos”. Repasemos estos dos versículos con calma.

Primero, el salmista no lucha él mismo contra sus enemigos, sino que pide a Dios que intervenga en su lugar, pues dice: “Levántate, oh Jehová; Sal a su encuentro, póstrales”.

Esta actitud de no defenderse, encomendando a Dios su causa, se confirma en las palabras que siguen, pues dice:

“Libra mi alma de los malos con tu espada, De los hombres con tu mano, oh Jehová”.

En el largo, injusto, y durísimo acoso del rey Saúl contra él, jamás tomo la iniciativa, ni de atacar ni siquiera de defenderse, lo dejó en manos de Dios. ¿Le imitamos?

Seguidamente, David expone la clase de personas que eran sus enemigos pues los define con dos características muy claras con estas palabras:

“De los hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta vida”.

Los que le persiguen, los que le acosan, los que quieren quitarle de en medio, son “mundanos”, es decir, no viven en el temor de Dios, buscando obedecer su voluntad sino entregados a lo material y perecedero, aspecto que define el salmista con las siguientes palabras: “cuya porción la tienen en esta vida”.

Estos enemigos de David, estos mundanos, solo aspìran a pasarlo bien en esta vida, para ellos no había nada más. Por eso quieren sacar el máximo beneficio material de todo lo que hacen, y, de hecho, lo consiguen, pues David sigue diciendo:

“Y cuyo vientre está lleno de tu tesoro. Sacian a sus hijos, Y aun sobra para sus pequeñuelos”.

Sus máximas aspiraciones eran solamente materiales, la vida del espíritu no existía para ellos.

Seguro que en teoría esto te repugna, porque somos mucho más que animales y nuestro ser interior no se sacia con cosas, y por eso tener, aunque sea mucho, no nos sacia, pero, ¿Te has preguntado alguna vez si en la práctica es así?

Porque una cosa es opinar, y otra muy distinta actuar.

Vamos, que puedes estar plenamente de acuerdo con que lo esencial de la vida no es el tener cosas, y, a la vez, dedicarte con todas tus fuerzas a conseguirlas, sin preocuparte de tu vida espiritual.

¿Sabes que tu vida no termina con la muerte física? ¿Te preocupa ese después?