Salmo 18 – Mi Dios (96)

Salmo 18 Testimonio
Versículos 25-29: Mi Dios
Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro paseo por el salmo dieciocho en el cual David da un brillante testimonio de lo que Dios había sido y era para él.
Cuando los salmos que tratamos son breves, los leemos enteros, pero este es muy extenso y vamos poniendo un trocito cada día bajo nuestra Mirada.
Hoy nos detendremos para observar el paisaje de los versículos veinticinco al veintinueve en los cuales el salmista habla con Dios, y, a la vez, habla de Dios, de como es Dios en su trato y como es Dios para con él, pues es su Dios.
Leamos estos versículos que dicen así:
“Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, Y recto para con el hombre íntegro. Limpio te mostrarás para con el limpio, Y severo serás para con el perverso. Porque tú salvarás al pueblo afligido, Y humillarás los ojos altivos. Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas. Contigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros”.
Los versículos veinticinco y veintiséis describen el trato justo de Dios con los hombres, pues dicen:
“Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, Y recto para con el hombre íntegro. Limpio te mostrarás para con el limpio, Y severo serás para con el perverso”.
Cada uno recibe los resultados de su propia conducta, como un eco de su actitud.
Dios no hace injusticia porque Él es Justo por definición.
A veces nos parece que tarda en actuar, pero nunca debemos olvidar que Dios tiene su tiempo y que este tiempo no suele coincidir con el nuestro, pero siempre da a cada uno lo que le corresponde. Insiste el salmista en la justicia del trato divino diciendo:
“Porque tú salvarás al pueblo afligido, Y humillarás los ojos altivos”.
Como dijimos antes, a veces pensamos que Dios permite situaciones injustas y que no actúa, pero nuestra valoración de los acontecimientos es muy limitada e influida por nuestra parcialidad que no nos permite comprender los hechos en su conjunto, por lo cual debemos descansar en la perfecta justicia divina.
Seguidamente, el salmista reconoce dos beneficios que recibe de Dios, al que confiesa como Mi Dios, el primer beneficio es una clara visión de los acontecimientos gracias a la luz de Dios, pues dice el versículo veintiocho
“Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas”.
Las ciudades y pueblos están inundados de luz, pero en lo espiritual y moral la oscuridad es manifiesta y solamente la luz de Dios, por medio de su Palabra, puede atravesar esta oscuridad y ofrecer una visión clara, por eso dice el autor del salmo ciento diecinueve “Lámpara es mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino”.
Cuando vemos los acontecimientos a la luz de la palabra de Dios y no de nuestra opinión, todo cobra sentido y se ve claro.
El segundo beneficio es la victoria en la lucha contra enemigos poderosos que confiesa en el versículo veintinueve donde dice:
“Contigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros”.
El apóstol Pablo nos advierte que nuestra lucha no es contra personas sino contra auténticos ejércitos espirituales.
Por esa razón, no tenemos posibilidad de victoria sin las armas de Dios.
Estas armas, las únicas eficaces, son siempre las mismas.
La Palabra de Dios, la fe en esa palabra, que es lo mismo que en Dios, y la oración en el poder del Espíritu Santo.
La palabra de Dios tiene las respuestas que andas buscando.