Salmo 19 – Creación (101)

Salmo 19
Versículos 1-6: Creación
Bienvenidos a Miradas. Hemos llegado en nuestro paseo por los salmos al salmo diecinueve.
Este salmo trata dos temas muy importantes sobre la Revelación de Dios, es decir, sobre como Dios se da a conocer a la humanidad: Su Revelación General en la Creación y su Revelación Especial en la Sagrada Escritura.
Hemos dividido este salmo en las tres partes siguientes: La revelación General de Dios en la Creación, que se trata en los primeros seis versículos, la Revelación Especial de Dios en la Sagrada Escritura, de la que tratan los versículos siete al diez, y los efectos de la Sagrada Escritura en el creyente, que se tratan en los versículos once al catorce.
Hoy trataremos la primera parte que trata de la Revelación General de Dios en la Creación y que, dice así:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras.
En ellos puso tabernáculo para el sol; Y éste, como esposo que sale de su tálamo, Se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida, Y su curso hasta el término de ellos; Y nada hay que se esconda de su calor”.
Como los versículos dos al seis son en realidad un desarrollo del versículo uno, pondremos nuestra Mirada sobre ese primer versículo. Comienza el salmo diciendo:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios Y el firmamento anuncia la obra de sus manos”.
Cuando sin prejuicios, sin ideas previas, solamente con una mirada observadora, miramos el firmamento en una noche estrellada, Nos maravilla.
Es tan enorme, tan hermoso, tan variado, tan ordenado, tan armonioso. Inevitablemente debe surgir una pregunta ¿Quién ha hecho esto?
Porque ni al más tonto se le ocurre pensar que esto tan inmenso y tan asombroso se haya hecho por si solo. Y, naturalmente, para crear eso hace falta ser muchísimo más inmenso de lo que podamos imaginar, muchísimo más sabio de lo que alcanza nuestra mente a suponer, muchísimo más poderoso que cualquier cosa que podamos recordar, pero, además, hace falta que quien lo ha creado no esté en absoluto limitado por el tiempo ni por el espacio. Y esas impresiones se intensifican cuando nos informamos acerca las inmensas distancias y tamaños que hay en el universo.
Vamos que el inicio del salmo nos coloca precisamente en el dato fundamental:
Estamos contemplando un anuncio de Dios que ya nos permite conocer algunas cosas acerca de Él, tales como su existencia, su poder y su sabiduría, aunque, después de percibir con claridad esas cosas, quedamos con deseos de saber más acerca del Autor de tales maravillas.
Pues nos parece que tal vez espera algo de nosotros y la contemplación de su obra no nos dice nada al respecto. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo agradarle? ¿Cómo servir al Dueño de todo?
Es evidente que el autor del salmo también pensó así y por eso el resto del salmo nos da la información que necesitamos. Pero hoy nos quedamos con esa gozosa exclamación del salmista:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios Y el firmamento anuncia la obra de sus manos”.