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Salmo 20 – Dios salvador (105)

Imagen del programa Salmo 20 – Dios salvador (105) en Radio Solidaria

Salmo 20 Al músico principal. Salmo de David.

Versículos 6-9: Dios Salvador

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y acabamos de llegar al salmo veinte, un salmo de David que en su conjunto parece relacionado con una batalla difícil para el rey.

La primera parte del salmo, versículos uno al cinco, es una súplica por el buen resultado de la confrontación y la segunda parte, versículos seis al nueve, proclama la victoria por el poder de Dios.

Hoy detendremos nuestra Mirada en la segunda parte del salmo, en esa proclamación gozosa de la absoluta superioridad del poder de Dios ante cualquier enemigo.

Vamos a leer el salmo de nuevo para situarnos y después fijaremos nuestra Mirada en los últimos cuatro versículos.

El salmo veinte dice así: “Jehová te oiga en el día de conflicto; El nombre del Dios de Jacob te defienda. Te envíe ayuda desde el santuario, Y desde Sion te sostenga. Haga memoria de todas tus ofrendas, Y acepte tu holocausto. Te dé conforme al deseo de tu corazón, Y cumpla todo tu consejo. Nosotros nos alegraremos en tu salvación, Y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios; Conceda Jehová todas tus peticiones. Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; Lo oirá desde sus santos cielos Con la potencia salvadora de su diestra. Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie. Salva, Jehová; Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos”.

Después de leer este breve salmo veinte, vamos a fijar nuestra Mirada en los versículos seis al nueve que proclama la victoria de Dios en la confrontación y subraya que para Dios y para los que se acogen a su defensa, no importa la cantidad o la calidad de las armas enemigas.

Esto vale igual para batallas físicas que para batallas espirituales.

Leamos de nuevo este final del salmo que nos sitúa en el momento después de la confrontación por los resultados de la cual se rogaba antes.

Este final dice así: “Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; Lo oirá desde sus santos cielos Con la potencia salvadora de su diestra.

Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.

Ellos flaquean y caen, Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie. Salva, Jehová; Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos”.

Comienza diciendo: “Ahora conozco que Jehová salva a su ungido”.

Este el regreso a la total seguridad, Dios cuida a los suyos. Seguidamente describe como el oído de Dios está atento y su poder para salvar dispuesto, pues dice:

“Lo oirá desde sus santos cielos Con la potencia salvadora de su diestra”. Después compara las fuerzas de ambos bandos, y por lo tanto la razón de su confianza, pues dice:

“Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria”. Seguidamente describe muy gráficamente el resultado de tan singular combate:

“Ellos flaquean y caen, Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie”.

Termina con una solemne petición que puede ser la nuestra:

“Salva, Jehová; Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos”.