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Salmo 21 – Grande es Dios (110)

Imagen del programa Salmo 21 – Grande es Dios (110) en Radio Solidaria

Salmo 21 Al músico principal. Salmo de David.

Versículo 13: Grande es Dios

Llegamos hay al final del salmo veintiuno al que hemos dedicado varias Miradas sucesivas.

Como ya hemos dicho en otros días, este es un salmo real, es decir, un salmo escrito por David como rey cantando las bendiciones de Dios derramadas sobre su vida.

Sin duda alguna, Dios es el gran protagonista del salmo. David canta que Dios ha respondido sus ruegos manifestando su poder en los versículos uno y dos. Canta que Dios le ha dado bendiciones y honra en el versículo tres.

Canta que la bendición de Dios sobre él es eterna en los versículos cuatro al seis.

Canta por ser objeto de la misericordia de Dios en el versículo siete.

Canta porque Dios es quien derrota a sus enemigos, que son a la vez enemigos de Dios, según el versículo once, y los derrota completamente según los versículos ocho al doce, para terminar con una alabanza entusiasta en el versículo trece.

Vamos a leerlo para comprobarlo y volveremos sobre el versículo trece y último del salmo para una Mirada más detallada.

El salmo dice así: “El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; Y en tu salvación, ¡cómo se goza! Le has concedido el deseo de su corazón, Y no le negaste la petición de sus labios. Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. Vida te demandó, y se la diste; Largura de días eternamente y para siempre. Grande es su gloria en tu salvación; Honra y majestad has puesto sobre él. Porque lo has bendecido para siempre; Lo llenaste de alegría con tu presencia. Por cuanto el rey confía en Jehová, Y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido. Alcanzará tu mano a todos tus enemigos; Tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. Los pondrás como horno de fuego en el tiempo de tu ira; Jehová los deshará en su ira, Y fuego los consumirá. Su fruto destruirás de la tierra, Y su descendencia de entre los hijos de los hombres. Porque intentaron el mal contra ti; Fraguaron maquinaciones, mas no prevalecerán, Pues tú los pondrás en fuga; En tus cuerdas dispondrás saetas contra sus rostros. Engrandécete, oh Jehová, en tu poder; Cantaremos y alabaremos tu poderío”.

Este final del salmo es un canto entusiasta al poder de Dios en dos fases muy claras, un deseo y una alabanza. Leamos el versículo de nuevo para comprobarlo.

Dice así: “Engrandécete, oh Jehová, en tu poder; Cantaremos y alabaremos tu poderío”. Volvamos a leer la primera parte de este final para fijarnos de forma especial en ella.

Dice así: “Engrandécete, oh Jehová, en tu poder”. Esta es una petición, un deseo, de que se manifiesta en toda su grandeza el poder de Dios. Que sea plenamente conocido y admirado por todo ser humano.

David conocía el poder de Dios pero deseaba que fuese universalmente conocido, que asombrase y deslumbrase sobre toda posible gloria humana. La segunda parte de este final es una promesa de alabanza pues dice:

“Cantaremos y alabaremos tu poderío”.

El entusiasmo del rey iba a concretarse en un canto de adoración y alabanza al excelso poder de Dios.

¿Deseamos que se manifieste el poder de Dios? ¿Somos conscientes de su grandeza? Detengámonos a meditar en ello.