Salmo 22 – Angustiado (111)

Salmo 22 Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.
Versículos 1-2: Angustiado
Bienvenidos a Miradas. En nuestro paseo por los salmos hemos llegado al salmo veintidós.
Un salmo de David, que, en su primera parte, presenta un cuadro de dolor y angustia a causa de un trato muy cruel e injusto.
Aunque este salmo surge de una situación concreta de la vida de David, las descripciones de su sufrimiento son un detallado anticipo, y por lo tanto proféticas, de la muerte de Jesucristo ocurrida mil años después. Y de hecho, el salmo veintidós aparece citado en el relato de la crucifixión en los cuatro evangelios.
Es interesante comprobar que este trozo del salmo hay dos poderosos “pero” de confianza y seguridad. Vamos a recordar el comienzo del salmo hasta el versículo trece para hacernos una idea de lo que hemos comentado, y después nos fijaremos en los versículos uno y dos con más detalle.
El salmo comienza así:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude. Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca Como león rapaz y rugiente”.
Fijemos ahora nuestra Mirada en los versículos uno y dos con más detalle.
Recordemos la angustia con que comienza el salmo, pues dice: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo”. Además de recordarnos la cuarta de las frases que gritó el Señor desde la cruz, es evidente que este lamento surge de una situación concreta de David.
Una situación que no tenía salida ni final, una situación verdaderamente desesperante.
El salmista se siente abandonado por Dios que no responde a su angustioso clamor. Pero, con todo, en este inicio del salmo hay algo muy positivo: El salmista aunque se siente abandonado, dirige a Dios su queja.
Es consciente de que no hay otro a quien invocar en su necesidad, e insiste a pesar de no tener respuesta. ¿Te has sentido alguna vez así?
¿Te ha parecido que Dios había cerrado sus oídos y no te escuchaba?
¿Te parecían los días, y sobre todo las noches, interminables? El salmista nos deja su ejemplo. A pesar de la situación, que parece sin salida posible, él sigue buscando a Dios.