Salmo 22 – Amenazado (115)

Salmo 22 Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.
Versículos 11-13: Amenazado
Bienvenidos a Miradas. En nuestro paseo por los salmos hemos llegado al salmo veintidós. Un salmo de David, que en su primera parte presenta un cuadro de dolor y angustia a causa de un trato muy cruel e injusto.
No podemos saber cual fue la situación que dio lugar a esta oración tan dolorosa en la primera parte del salmo.
Aunque este salmo surge de una situación concreta de la vida de David, las descripciones de su sufrimiento son un detallado anticipo, y por lo tanto proféticas, de la muerte de Jesucristo ocurrida mil años después. Y de hecho, el salmo veintidós aparece citado en el relato de la crucifixión en los cuatro evangelios.
Vamos a recordar el comienzo del salmo hasta el versículo trece para hacernos una idea de lo que hemos comentado, y después nos fijaremos en los versículos once al trece con más detalle.
El salmo comienza así: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados: Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude. Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca Como león rapaz y rugiente”.
Este último versículo que hemos leído nos descubre algo muy interesante. El salmista siente a Dios cerca, aunque no parece intervenir, por eso implora de Dios la única ayuda posible que los demás le niegan ya que dice: “No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude”.
¡Qué terrible es estar solo, en medio de enemigos crueles, que disfrutan con el dolor ajeno!
Así se sentía el salmista y amplía su angustia al comparar a sus torturadores con agresivos y poderosos animales, pues continúa:
“Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca Como león rapaz y rugiente”.
Eran muchos, eran fuertes, eran crueles, pero Dios estaba cerca, por eso el salmista dice “No te alejes de mí”.
Posiblemente estás escuchando y viviendo una situación similar, pensando que Dios está muy ocupado y tu caso es muy poco importante para que se ocupe de ti. O, tal vez, piensas que tu comportamiento no merece su atención.
No te equivoques Dios envió a su Hijo a este mundo para salvar precisamente a los pecadores, así que, por muy hundido que estés, Él está cerca y le importas. Clama a Él sin cesar y te responderá con salvación.