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Salmo 22 – Alabanza (118)

Imagen del programa Salmo 22 – Alabanza (118) en Radio Solidaria

Salmo 22 Salmo de David

Versículo 25: Alabanza

Bienvenidos a Miradas. En nuestro paseo por los salmos hemos llegado al salmo veintidós.

Un salmo de David, que en su primera parte presenta un cuadro de dolor y angustia a causa de un trato muy cruel e injusto. No podemos saber cual fue la situación que dio lugar a esta oración tan dolorosa en la primera parte del salmo.

Aunque este salmo surge de una situación concreta de la vida de David, las descripciones de su sufrimiento son un detallado anticipo, y por lo tanto proféticas, de la muerte de Jesucristo ocurrida mil años después. Y de hecho, el salmo veintidós aparece citado en el relato de la crucifixión en los cuatro evangelios.

En todo caso, la primera parte del salmo describe un sufrimiento intenso.

Vamos a recordar la segunda parte del salmo desde el versículo veintidós hasta el versículo treinta y uno para hacernos una idea de esta segunda parte del salmo, que describe aspectos del triunfo después del tormento, y después nos fijaremos en el versículo veintidós con más detalle.

Esta segunda parte del salmo dice así: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. Los que teméis a Jehová, alabadle; Glorificadle, descendencia toda de Jacob, Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel. Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, le oyó. De ti será mi alabanza en la gran congregación; Mis votos pagaré delante de los que le temen. Comerán los humildes, y serán saciados; Alabarán a Jehová los que le buscan; Vivirá vuestro corazón para siempre. Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. Porque de Jehová es el reino, Y él regirá las naciones. Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra; Se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo, Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma. La posteridad le servirá; Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación. Vendrán, y anunciarán su justicia; A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto”.

Leamos de nuevo y fijemos nuestra Mirada de hoy en el versículo veinticinco que dice así:

“De ti será mi alabanza en la gran congregación; Mis votos pagaré delante de los que le temen”.

El salmista está hablando aquí de su propia respuesta. En una situación terrible, pidió desesperadamente ayuda al Padre celestial y recibió respuesta, fue escuchado; por eso entona su alabanza ante una multitud y se dispone a comprometer su vida con Dios que la ha salvado.

La salvación que solo Dios puede dar no se gana con buenas obras ni sacrificios, porque nunca serían suficientes, por eso es por gracia, es decir, regalada, no cuesta nada, el precio ya está pagado por completo, lo pagó todo Jesucristo en la cruz.

Solamente podrás agradecerla, como el salmista. Pero, si Dios te ha salvado, ahora le perteneces doblemente, porque te ha creado y porque te ha salvado.

Nunca podrás pagarle, pero sí podrás servirle con agradecimiento el resto de tu vida.

Esa era la decisión del salmista, recordemos de nuevo sus palabras “De ti será mi alabanza en la gran congregación; Mis votos pagaré delante de los que le temen”.

Si te ha salvado, dale gracias y sírvele