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Salmo 22 – Abandonado (121)

Imagen del programa Salmo 22 – Abandonado (121) en Radio Solidaria

Salmo 22 Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.

Versículos 1-2: Abandonado

Bienvenidos a Miradas. Continuamos asomados a uno de los salmos más conocidos, el salmo veintidós, un salmo de David, que, sin embargo, describe literalmente, con gran detalle, aspectos de la crucifixión de Jesucristo, que ocurrió mil años después; con tanto detalle que es como si el autor del salmo la estuviese contemplando.

De hecho, este salmo es citado por lo cuatro evangelistas en la escena de la muerte del Señor y el mismo Jesús hace suya la primera frase del salmo, en un grito desgarrado.

Por esta razón, después de recorrer el salmo, hemos querido regresar para ver la cruz de Cristo a través de él, o, más bien, para ver la obra de Cristo descrita en el salmo. Para situarnos, leeremos hasta el versículo cinco y después miraremos con más atención los versículos uno y dos.

Los cinco primeros versículos del salmo veintidós dicen así:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados”.

Nuestra Mirada de hoy se concentrará en los dos primeros versículos que dicen así: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?

Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo”.

Estas palabras que hemos leído de nuevo son una queja muy dolorosa, desesperada, dirigida por Dios el Hijo a Dios el Padre, que puede resumirse en dos palabras:

¿Por qué? ¿Por qué abandonado? ¿Por qué no hay respuesta? El evangelio de Mateo dice en su relato que desde el mediodía hasta las tres de la tarde hubo una oscuridad inexplicable y que un poco antes de terminar esa oscuridad Jesús gritó muy fuerte:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. El Hijo de Dios se hizo hombre para poder morir en nuestro lugar, en Mateo veinte veintiocho, el mismo Jesús, lo explica claramente en pocas palabras, diciendo:

“El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos”. Isaías, por su parte, en su capítulo cincuenta y tres y versículo seis, lo explica así:

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.

Así que, en la cruz está el Santo Hijo de Dios sufriendo lo humanamente insoportable, y, además, teniendo sobre sí la carga terrible de todo el pecado y sus consecuencias, y, lo más doloroso todavía, el Padre le retira su apoyo porque en ese momento es el mayor reo que ha visto o verá la historia del universo, y le está haciendo pagar por ello,

¿Cómo no iba a gritar desesperado? ¿No te conmueve que el Hijo de Dios sufriese tanto en tu lugar?

Él ya pagó por tu pecado, solamente tienes que reconocerte pecador y creer en su sacrificio sustitutorio para ser salvo y comenzar a vivir como un hijo de Dios.