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Salmo 22 – Recuerdos (122)

Imagen del programa Salmo 22 – Recuerdos (122) en Radio Solidaria

Salmo 22 Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.

122 Salmo 22:3-5 Recuerdos

Bienvenidos a Miradas. Continuamos asomados a uno de los salmos más conocidos, el salmo veintidós, un salmo de David, que, sin embargo, describe literalmente con gran detalle aspectos de la crucifixión de Jesucristo; con tanto detalle que es como si el autor del salmo la estuviese contemplando.

De hecho, este salmo es citado por lo cuatro evangelistas en la escena de la muerte del Señor y el mismo Jesús hace suya la primera frase del salmo, en un grito desgarrado.

Por esta razón, después de recorrer el salmo, hemos querido regresar para ver la cruz de Cristo a través de él, o, más bien, para ver la obra de Cristo descrita en el salmo.

En el Nuevo Testamento se cita este salmo, de los versículos uno al veintidós, once veces, diez en los relatos de la pasión y una en la epístola a los hebreos.

Leeremos los versículos uno al cinco y después nos detendremos para poner nuestra Mirada en los versículos tres al cinco. Dicen así estos primeros versículos del salmo veintidós:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados”.

El comienzo de salmo es una queja angustiosa y desesperada con esos dos ¿por qué?

En los que se queja de abandono y de falta de respuesta. Las palabras que siguen a esta queja lamentan que en el pasado hubo respuesta para otros pero ahora no la hay.

Veamos los versículos tres al cinco que son objeto de nuestra Mirada de hoy.

Dicen así: “Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados”.

Estas palabras, referidas a Cristo en la cruz, nos permiten comprender algo que nos estremece. Jesús fue abandonado por Dios, su ruego desesperado no fue atendido, a pesar de ser absolutamente inocente, sin embargo, Él no dudaba del amor de Dios, de su oído atento para los necesitados, de su socorro para los que sufren; Jesús sabía que él no podía ser escuchado, que tenía que ser abandonado, porque estaba, voluntariamente, en el lugar del culpable, habiendo puesto sobre sí, la culpa de toda la humanidad; por esa razón Dios no podía escuchar su ruego, porque él se había ofrecido para pagar por el pecado, por eso no hubo compasión para Cristo, porque la hubo para ti y para mí. ¿Has pensado esto alguna vez?

Cuando Cristo, el santo Hijo de Dios, dice: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, la respuesta es para que tú y yo pudiésemos ser amparados por Dios.

Para que Dios te pueda recibir y darte gratuitamente la salvación, porque tu pecado ya lo pagó Jesús en la cruz.

Solamente tienes que creerlo y aceptarlo. No tienes que agregar nada.

La deuda de tu pecado ya está toda pagada.

No falta nada. Solo tienes que creer para ser salvo.