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Salmo 22 – Despreciado (123)

Imagen del programa Salmo 22 – Despreciado (123) en Radio Solidaria

Salmo 22 Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.

Versículos 6-8 Despreciado

Bienvenidos a Miradas. Continuamos asomados a uno de los salmos más conocidos, el salmo veintidós, un salmo de David, que, sin embargo, describe literalmente, con gran detalle, aspectos de la crucifixión de Jesucristo; con tanto detalle que es como si el autor del salmo la estuviese contemplando.

De hecho, este salmo, compuesto mil años antes, es citado por lo cuatro evangelistas en la escena de la muerte del Señor y el mismo Jesús hace suya la primera frase del salmo, en un grito desgarrado.

Por esta razón, después de recorrer el salmo, hemos querido regresar para ver la cruz de Cristo a través de él, o, más bien, para ver la obra de Cristo descrita en el salmo.

Vamos a leer los versículos seis al diez del salmo veintidós para situarnos en la escena de la crucifixión de la mano del salmista.

Este trozo del salmo dice así: “Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.

La escena impresiona. En la cruz, dando su vida, estaba el único ser absolutamente justo que hubo sobre esta tierra, y, además, el que solamente había hecho bien a los demás cada día.

Eran incontables los que había sanado de enfermedades incurables e incluso los que había arrancado de las garras de la muerte.

Sin embargo, allí estaba, despreciado por todos. Acabamos de leerlo: “Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo”. ¿Cómo podían ser tan ingratos, tan insensibles?

Pero la descripción que hace el salmista, nos acerca todavía más a la escena de la cruz, como si sus ojos hubiesen atravesado los diez siglos que le separaron de la misma, pues sigue diciendo:

“Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía”.

El evangelista Mateo, cuando relata la crucifixión de Cristo, mil años después de escribirse el salmo, en su capítulo veintisiete y versículos treinta y nueve y cuarenta y tres, dice: “Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza … Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios”.

Lo más dramático de la cruz es que nadie se daba cuenta que allí se estaba cumpliendo, ante sus ojos, lo que relataba el salmo.

Allí estaba muriendo el inocente en lugar de los culpables que, sin embargo, eran precisamente los que se burlaban de él.

Allí estábamos tú y yo representados, entre los burladores, pero, también en la cruz, porque allí moría en nuestro lugar el Salvador del mundo.

Lo maravilloso, es que los efectos de la cruz todavía pueden alcanzarte.

Todavía puedes poner tus pecados a sus pies creyendo en Jesucristo que pagó por ellos, por todos ellos, completamente, y salvarte de la eterna condenación.

No lo dejes para otro día, porque no sabes si habrá otro día para ti.