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Salmo 22 – Escogido (124)

Imagen del programa Salmo 22 – Escogido (124) en Radio Solidaria

Salmo 22 Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.

Versículos 9-10: Escogido

Bienvenidos a Miradas. Continuamos asomados a uno de los salmos más conocidos, el salmo veintidós, un salmo de David, que, sin embargo, describe literalmente con gran detalle aspectos de la crucifixión de Jesucristo, ocurrida mil años después; con tanto detalle, que es como si el autor del salmo la estuviese contemplando.

De hecho, este salmo es citado por lo cuatro evangelistas en la escena de la muerte del Señor y el mismo Jesús hace suya la primera frase del salmo, en un grito desgarrado.

Por esta razón, después de recorrer el salmo, hemos querido regresar para ver la cruz de Cristo a través de él, o, más bien, para ver la obra de Cristo descrita en el salmo.

Leeremos de nuevo los versículos seis al diez del salmo veintidós para situarnos en la escena de la cruz de la mano del salmista. Después fijaremos nuestra Mirada en los dos últimos.

Estos versículos dicen así: “Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.

Lo que dice el salmista en la primera parte de estos versículos es una descripción fiel de la escena de la cruz y lo que dice en la segunda parte puede aplicarse perfectamente a los pensamientos del Salvador en esos momentos. Abandonado por Dios, cargando con la culpa de todos nosotros, despreciado por los que le veían, pero, sabiendo que aquella era precisamente su tarea, por eso dice:

“Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.

El nacimiento sobrenatural, sin intervención humana, de Jesucristo, fue planeado y ejecutado por Dios el Espíritu Santo. Por eso el salmista dice:

“Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.

Aquí hay una gran verdad. Jesús, el Hijo de Dios, nació como hombre para poder morir en nuestro lugar.

El evangelista Mateo recuerda unas palabras de Jesús que lo explican con toda claridad, pues, en su capítulo veinte y versículo veintiocho dice:

“el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

Así que, aunque se vio abandonado de Dios y despreciado por todos, sufriendo de forma terrible, sabía perfectamente que esa era su misión, que estaba cumpliendo el gran plan de la Trinidad para la salvación de la humanidad.

Como diría el apóstol Pedro en su discurso de Pentecostés: “a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole”.

Todo para tu salvación. ¿Querrás tú creer hoy en Cristo como tu Salvador personal?