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Salmo 22 – Adoración (131)

Imagen del programa Salmo 22 – Adoración (131) en Radio Solidaria

Salmos 22. Salmo de David

Versículo 25: Adoración

Bienvenidos a Miradas. Continuamos recorriendo el salmo veintidós.

Este salmo es muy especial, ya que, por una parte, fue escrito por David en un momento muy difícil de su vida y tiene dos partes muy definidas, la primera es una queja y ruego mezclado con afirmaciones de confianza y la seg

unda parte del salmo es la alabanza que surge tras el triunfo.

Pero, a la vez, el salmo tiene un carácter eminentemente profético y sin duda alguna se refiere al Señor Jesucristo.

Tanto es así que este salmo se cita en los relatos de la crucifixión en los cuatro evangelios, incluso, el mismo Señor pronuncia desde la cruz una de las llamadas siete palabras con la primera frase del salmo.

Por lo tanto, la primera parte del salmo, además de tener su origen en la vida de David, tiene su perfecto cumplimiento en la persona de Cristo; pero la segunda parte del salmo es igualmente aplicable a ambos y la epístola a los hebreos lo aplica a Cristo.

Por eso hemos repasado el salmo una primera vez aplicado a David y ahora lo estamos repasando de nuevo aplicado a Jesucristo.

Hoy leeremos los versículos veinticinco y veintiséis del salmo y nos detendremos especialmente en el versículo veinticinco.

Estos dos versículos dicen así: “De ti será mi alabanza en la gran congregación; Mis votos pagaré delante de los que le temen. Comerán los humildes, y serán saciados; Alabarán a Jehová los que le buscan; Vivirá vuestro corazón para siempre”.

Después de un canto de gratitud, en esta parte del salmo se presenta una ferviente adoración que se expresa con estas palabras que vamos a analizar:

“De ti será mi alabanza en la gran congregación; Mis votos pagaré delante de los que le temen”.

Parece que el salmista está mirando al futuro glorioso del final y definitivo triunfo del Mesías y se une al canto celestial que nos recuerda el que encontramos en apocalipsis cinco, del once al trece, y que dice: “Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”.

Imaginemos al Cordero de Dios recibiendo la alabanza por su triunfo grandioso y definitivo, como acabamos de leer y parece como si el salmista se viese en ese coro colosal adorando al gran triunfador.

Leemos de nuevo la primera parte del versículo veinticinco del salmo veintidós y que dice así:

“De ti será mi alabanza en la gran congregación”. ¿Cómo será formar parte de esa inmensa multitud? Pero la segunda parte de ese versículo también podemos situarla allí, presentando sus éxitos y sus triunfos delante del que le llevó una y otra vez a la victoria y diciendo:

“Mis votos pagaré delante de los que le temen”. ¿Formarás tú parte de ese inmenso coro?

¿Te ha lavado ya la sangre de Jesús? Sus brazos siguen abiertos esperándote.