Salmo 23 – Defensa (140)

Salmo 23 Seguridad
Versículo 5: Defensa
Hola. Te damos la bienvenida a Miradas. Estamos llegando ya al final del salmo veintitrés, ese salmo que se cita tantas veces en cualquier ambiente.
Ese salmo que destila seguridad por todas sus letras. Ese salmo que ha acompañado a tantas personas en sus peores momentos.
Ese salmo que muchos han aprendido de memoria porque les consuela repasarlo una y otra vez.
En fin, el salmo más famoso de la Biblia. Ese salmo es conocido como el salmo del pastor, sin embargo el salmo ilustra la relación de Dios con el creyente en toda circunstancia, con la figura del pastor, pero también con la del anfitrión, y es precisamente esa figura la que aparece en el párrafo al que dedicaremos hoy nuestra Mirada, fijémonos al repasarlo.
Como el salmo es muy breve, vamos a leerlo una vez más para disfrutarlo, porque, cada vez que se lee se disfruta y nos emociona, sobre todo si imaginamos al salmista escribiéndolo.
Dice así: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días”.
Como hemos dicho antes, hoy nos encontramos con la figura del anfitrión para ilustrar la relación de Dios con el creyente. Ya que le invita a comer y le da honores de invitado regio, pues este párrafo dice así: “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”.
Recordemos que está hablando un creyente de como se siente tratado Dios.
En primer lugar nos presenta una figura muy singular, el mismo Dios pone la mesa para él delante de sus peores enemigos.
Es decir, sus enemigos comprueban como Dios le cuida con gran delicadeza a pesar de sus esfuerzos para hacerle daño. Y esto duele, duele muchísimo, a los enemigos, claro. Y, a la vez, consuela, consuela muchísimo, al creyente, claro, porque siente la cercanía y el cuidado amoroso de Dios cuando más falta le hace.
Pero el salmo aun tiene otra perla para hoy, pues continúa diciendo que Dios le honra de manera muy visible, dándole un trato de invitado de honor, pues seguidamente dice: “Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”.
¿Se puede pedir más? Ungir y llenar la copa a un invitado era un gran honor, David sabía de eso por había recibido a muchos en su palacio, pero que esa tarea la hiciese el mismo rey era un honor mucho mayor, así que si es Dios mismo quien hace los honores es algo infinitamente mayor. ¿Cómo no sentirse seguro?
Jesucristo, Dios hecho hombre, vino a este mundo y se hizo hombre para morir en lugar de los seres humanos para redimirlos y liberarlos de la esclavitud del pecado.
Jesucristo murió por ti y quiere salvarte.