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Salmo 24 – Dueño (143)

Imagen del programa Salmo 24 – Dueño (143) en Radio Solidaria

Salmo 24. Salmo de David

Versículos 1-2: Dueño

Hola. Bienvenidos a Miradas. Nuestro paseo por los salmos ha llegado al salmo número veinticuatro.

Este salmo ensalza al Señor como Dueño absoluto del mundo y sus habitantes, como perfectamente Santo e inaccesible, excepto para los que le buscan con humilde sinceridad, y como Rey sobre todo reino o poder en cielos y tierra.

Vamos a leer este salmo, que ocupará nuestras miradas durante tres días consecutivos, el salmo veinticuatro dice así:

“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos. ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, Y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que le buscan, De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria”.

Cuando nos damos cuenta que orar, adorar, o alabar a Dios, es presentarse ante el trono del Señor del universo, del Eterno y Todopoderoso Creador, nos asombra que nos reciba y que, además, nos tenga por hijos y herederos.

Es posible que la costumbre de hacerlo impida a veces la debida reverencia y reconocimiento de la grandeza y santidad de Dios.

Es posible que olvidemos nuestra propia indignidad.

Es posible que olvidemos que nos recibe porque acudimos en nombre de Cristo, “vestidos” con su sangre que vertió en nuestro lugar, pero no por nuestros personales méritos.

El salmo se inicia con una declaración muy sencilla y fácil de comprender: Dios es el dueño de todo lo que existe, incluidos los seres humanos, sencillamente, porque es el Creador. Nadie puede discutirle su propiedad.

Vamos a leer de nuevo el comienzo del salmo que dice así:

“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos”.

No hace falta saber mucho para entender lo que dice este comienzo del salmo, Dios es el dueño del mundo y sus habitantes, porque Él lo ha creado todo. Cada vez que ofrecemos culto al Señor, ya sea personal o comunitario, es importante tener en cuenta las verdades que proclama este salmo.

Estamos ante el creador y mantenedor del inmenso universo, que, por lo tanto, es su propietario indiscutible, o sea, dueño nuestro y de todo lo que poseemos. No podríamos presentarnos ante Él, sin ser consumidos, si no fuese por su inmensa misericordia manifestada especialmente en Cristo nuestro mediador.

Conscientes, pues, de su poder y santidad, reconozcámosle como el supremo Rey y Señor de todo señorío, ya sea material o espiritual, por toda la eternidad.

Únete con nosotros reconociendo y alabando al Señor del universo.