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Salmo 25 – Seguridad (147)

Imagen del programa Salmo 25 – Seguridad (147) en Radio Solidaria

Salmo 25 Necesitado

Versículo 3: Seguridad

Bienvenidos a Miradas. Hemos llegado al salmo veinticinco en nuestro recorrido por el libro de los salmos.

El salmo veinticinco, escrito por David, el salmista por excelencia, nos presenta un cuadro imponente de la actitud del salmista ante Dios.

El salmo en su conjunto es una petición de dirección y de perdón, y, a la vez, una rotunda afirmación de seguridad en Dios.

Debido a su extensión, iremos leyendo cada día un trozo del salmo, para contemplar el conjunto como si fuese un paisaje, y, después, detener nuestra Mirada en una parte de ese paisaje espiritual para examinarla más de cerca.

Los primeros diez versículos del salmo veinticinco dicen así:

“A ti, oh Jehová, levantaré mi alma. Dios mío, en ti confío; No sea yo avergonzado, No se alegren de mí mis enemigos. Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido; Serán avergonzados los que se rebelan sin causa. Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, Porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día. Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus misericordias, Que son perpetuas. De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; Conforme a tu misericordia acuérdate de mí, Por tu bondad, oh Jehová. Bueno y recto es Jehová; Por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, Y enseñará a los mansos su carrera. Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, Para los que guardan su pacto y sus testimonios”.

Como hemos comprobado, al echar un vistazo al paisaje de esta primera parte del salmo, el salmista se presenta ante Dios necesitado de dirección y de perdón, aunque, a la vez, manifestando una gran seguridad en la intervención de Dios.

Como hemos anunciado vamos a detener nuestra Mirada en una pequeña parte del paisaje del salmo, que proclama de forma muy clara la seguridad que el salmista tiene en Dios, para fijarnos en los detalles, se trata del versículo tres que dice así:

“Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido; Serán avergonzados los que se rebelan sin causa”.

Vamos a “saborear” estas palabras, esta declaración de seguridad, comencemos por la primera palabra, que resume las que le siguen, pues dice: “Ciertamente”.

Esto no es un “tal vez” ni un “espero que”, ni siquiera un “me parece que”.

Es una afirmación rotunda de lo que viene después, ya que “Ciertamente” es tanto como decir: “estoy completamente seguro”.

Seguidamente menciona dos cosas de las que está segurísimo, la primera es que Dios siempre corresponde con fidelidad a los que esperan confiadamente en Él, pues dice el salmista “ninguno de cuantos esperan en ti será confundido”.

Dios siempre responde a la confianza en su palabra. Puedes confiar en Él plenamente, porque es el único que nunca falla, que nunca te dejará quedar mal.

Sigue el salmista diciendo, con la misma seguridad, que volverse contra Dios, será siempre sin razón y dejará en ridículo a quienes lo hacen, pues afirma:

“Serán avergonzados los que se rebelan sin causa”.

Confía en Dios, Él nunca te fallará.