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Salmo 25 – Dependencia (148)

Imagen del programa Salmo 25 – Dependencia (148) en Radio Solidaria

Salmo 25 Necesitado

Versículos 4-5: Dependencia

Bienvenidos a Miradas. Nos hemos propuesto dedicar cada día unos breves minutos a reflexionar en los salmos, la más grandiosa poesía jamás escrita, y ya hemos llegado al salmo veinticinco.

Este salmo fue escrito por David, quién fue el salmista más prolífico, y que en estas composiciones nos abre de par en par su corazón para mostrarnos la intimidad de sus sentimientos delante de Dios.

En este salmo veinticinco se muestra necesitado de dirección y de perdón acudiendo a Dios en la seguridad de ser atendido.

Cada día leemos, si es posible, todo el salmo, pero cuando es extenso, como en este caso, leemos solamente una parte del mismo que incluya el objeto de nuestra Mirada diaria.

Vamos a leer los primeros versículos del salmo veinticinco para después detener nuestra Mirada en los versículos cuatro y cinco. Dice así el salmo: “A ti, oh Jehová, levantaré mi alma. Dios mío, en ti confío; No sea yo avergonzado, No se alegren de mí mis enemigos. Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido; Serán avergonzados los que se rebelan sin causa. Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, Porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día. Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus misericordias, Que son perpetuas. De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; Conforme a tu misericordia acuérdate de mí, Por tu bondad, oh Jehová. Bueno y recto es Jehová; Por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, Y enseñará a los mansos su carrera. Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, Para los que guardan su pacto y sus testimonios”.

Después de este vistazo al paisaje del salmo miramos con más detalle la siguiente petición de dirección que hace el salmista y que podemos suscribir cada uno de nosotros, pues dice:

“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, Porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día”.

Esta petición tiene dos partes muy definidas: primero la petición y seguidamente los motivos.

El salmista comienza pidiendo humildemente a Dios enseñanza y dirección, es decir, conocimiento de la voluntad de Dios para su vivir diario, pues dice:

“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame”.

Es una petición muy completa ya que reúne tres aspectos de la dirección, “Muéstrame, Enséñame Encamíname”, es algo así como decir, déjame ver el mapa, después explícamelo y, por último, llévame de la mano.

Y ¿por qué motivo pide esto a Dios?

Por una razón muy clara y muy convincente, porque Dios es su Salvador y depende solamente de Él, así lo reconoce cuando dice:

“Porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día”.

El salmista solo tenía a Dios. Ni sus fuerzas, ni su experiencia, ni sus amigos, solo a Dios confiaba su vida.

Dios no ha cambiado, sigue siendo la única esperanza posible, el único Salvador. Confíale tu vida.