Cara a cara prog 20 Ignacio Rodríguez

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Salmo 25 – Perdóname (151)

Salmo 25 Necesitado de dirección y perdón
Versículo 11: Perdóname
Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el salmo veinticinco, un salmo escrito por David, en el cual se muestra ante Dios necesitado de dirección y perdón, expresándose con gran franqueza y familiaridad, a la vez que con total seguridad en Dios, seguridad que predomina especialmente en esta segunda parte del salmo.
Vamos a leer un trozo de este salmo para situarnos en su contenido y después dedicaremos nuestra mirada a una petición de perdón que encontramos en el versículo once.
El salmo, desde el versículo once hasta el final, dice así:
“Por amor de tu nombre, oh Jehová, Perdonarás también mi pecado, que es grande. ¿Quién es el hombre que teme a Jehová? El le enseñará el camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar, Y su descendencia heredará la tierra. La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto. Mis ojos están siempre hacia Jehová, Porque él sacará mis pies de la red. Mírame, y ten misericordia de mí, Porque estoy solo y afligido. Las angustias de mi corazón se han aumentado; Sácame de mis congojas. Mira mi aflicción y mi trabajo, Y perdona todos mis pecados. Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado, Y con odio violento me aborrecen. Guarda mi alma, y líbrame; No sea yo avergonzado, porque en ti confié. Integridad y rectitud me guarden, Porque en ti he esperado. Redime, oh Dios, a Israel De todas sus angustias”.
Después de leer este ruego y testimonio de David, vamos a fijar nuestra atención con más detalle en la petición de perdón del versículo once que de una manera muy directa confiesa delante de Dios que confía en ser perdonado, a pesar de lo grave de su pecado, porque confía en el amor de Dios.
El texto dice así: “Por amor de tu nombre, oh Jehová, Perdonarás también mi pecado, que es grande”.
Vamos a examinar las dos partes de este sencillo texto. La petición de perdón se apoya en la confianza en el amor de Dios pues comienza diciendo:
“Por amor de tu nombre, oh Jehová”.
Afirmar esto revela un conocimiento claro de como trata Dios a los que le buscan, ya que no alude el salmista a sus méritos personales ni a su condición de miembro del pueblo de Dios, sino al amor de Dios o más bien al honor del nombre de Dios, nombre que es proclamado como misericordioso con los que le buscan, así que David invoca esa condición de Dios pues sabe muy bien que él no merece nada por si mismo, ya que a continuación reconoce la gravedad de su pecado:
“Perdonarás también mi pecado, que es grande”.
Cuando somos pillados en falta solemos disculparnos y minimizar nuestra falta, pero David hace todo lo contrario, pues reconoce que ha cometido un gran pecado, no se disculpa ni rebaja su importancia.
Esta actitud del salmista nos deja una lección muy valiosa.
En primer lugar, a Dios no podemos ocultarle nada, Él sabe muy bien como somos y todo lo que hacemos y pensamos, así que, a Él no podemos acudir con disculpas ni encubrimientos.
Pero hay otra cuestión importantísima que el salmista conocía y que hace uso de ella. Dios recibe a todo el que acude ante Él arrepentido, confesando su pecado.
¿Has confesado a Dios tu pecado?
El te espera para perdonarte.