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Salmo 26 – Separación Moral (158)

Imagen del programa Salmo 26 – Separación Moral (158) en Radio Solidaria

Salmo 26 Equilibrio

Versículos 4-5: Separación moral

Hola. Bienvenidos a Miradas. Hemos llegado ya hasta el salmo veintiséis en nuestro paseo por este libro singular.

Este salmo, escrito por David, es una muestra de sano equilibrio espiritual manifestando una gran integridad delante de Dios, y, a la vez, la convicción de necesitar siempre su misericordia.

Vamos a comenzar leyendo el salmo, para saber de que estamos hablando, y después nos detendremos en los versículos cuatro y cinco para dedicarles hoy nuestra Mirada.

El salmo veintiséis dice así: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; He confiado asimismo en Jehová sin titubear. Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón. Porque tu misericordia está delante de mis ojos, Y ando en tu verdad. No me he sentado con hombres hipócritas, Ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté. Lavaré en inocencia mis manos, Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová, Para exclamar con voz de acción de gracias, Y para contar todas tus maravillas. Jehová, la habitación de tu casa he amado, Y el lugar de la morada de tu gloria. No arrebates con los pecadores mi alma, Ni mi vida con hombres sanguinarios, En cuyas manos está el mal, Y su diestra está llena de sobornos. Mas yo andaré en mi integridad; Redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud; En las congregaciones bendeciré a Jehová”.

Con el conjunto del salmo en mente, vamos a repasar, como dijimos antes, los versículos cuatro y cinco que dicen así:

“No me he sentado con hombres hipócritas, Ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté”.

Estos versículos son como un eco perfecto del primer versículo del primer salmo del salterio.

En ellos el salmista proclama delante de Dios la integridad de su vida separada de compañías perversas.

Como puede ser que ya no recordemos el salmo primero vamos a fijar nuestra Mirada en las dos separaciones sociales y morales que el salmista tenía muy claras.

La primera se refiere a los que procuran aparentar lo que no son, a los que mienten con su actitud, que no responde a sus verdaderos deseos y propósitos, el salmista los describe perfectamente de la forma siguiente:

“No me he sentado con hombres hipócritas, Ni entré con los que andan simuladamente”. Pero añade a la descripción que no quiere hacer causa común con ellos de ninguna manera.

El segundo grupo, con el cual tampoco quiere saber nada y por tanto se aparta de ellos y además los desprecia, los describe así:

“Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté”.

¡Qué radical era este salmista! ¿Verdad?

Porque aunque pensara de forma diferente, ¿podría pasar un rato con ellos en buena armonía, no?

Un viejo dicho nos recuerda que “las malas compañías corrompen las buenas costumbres” y otro dice que “la amistad con el mundo es enemistad con Dios”

¿Qué hacer entonces? Pues todo aquello que deshonre a Dios, venga de donde venga, apartarse.