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Salmo 28 – El buen pástor (170)

Imagen del programa Salmo 28 – El buen pástor (170) en Radio Solidaria

Salmo 28 Oración respondida

Versículos 8-9: El Buen Pastor

Bienvenidos a Miradas. En nuestro continuado recorrido por los salmos ya hemos llegado al final del salmo veintiocho.

Este salmo es una oración de David, el que fue pastor, soldado y rey, pero sobre todo poeta con rica inspiración que nos ha dejado una gran cantidad de salmos que retratan la grandeza de su alma noble.

Este salmo veintiocho es una oración con un contenido muy variado que hacen de ella una de las más completas, pues incluye petición de ayuda contra sus enemigos, petición de castigo para los que ofenden de forma reiterada a Dios, agradecimiento por la respuesta a su oración y una adoración final, tanto personal como comunitaria, en forma de petición.

Como el salmo es breve, vamos a leerlo completo.

El salmo veintiocho dice así: “A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo. No me arrebates juntamente con los malos, Y con los que hacen iniquidad, Los cuales hablan paz con sus prójimos, Pero la maldad está en su corazón. Dales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos; Dales su merecido conforme a la obra de sus manos. Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová, Ni a la obra de sus manos, El los derribará, y no los edificará. Bendito sea Jehová, Que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón, y fui ayudado, Por lo que se gozó mi corazón, Y con mi cántico le alabaré. Jehová es la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; Y pastoréales y susténtales para siempre”.

Después de leer esta oración tan completa vamos a mirar con atención los dos últimos versículos del salmo que dice así:

“Jehová es la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; Y pastoréales y susténtales para siempre”.

Estos versículos finales del salmo tienen dos partes muy definidas, una confesión y una petición. Vamos a examinarlas por partes.

La confesión tiene dos partes, una es comunitaria y la otra personal de David, pues dice:

“Jehová es la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su ungido”. Ambas afirmaciones hablan de seguridad, confesando, pues, que la seguridad del pueblo y de su rey estaba en Dios.

En cuanto a la petición, que cierra el salmo es muy completa pues dice: “Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; Y pastoréales y susténtales para siempre”.

En la primera parte de esta petición final David recalca que el pueblo es propiedad de Dios, pues dice: “tu pueblo, tu heredad”, y en la segunda parte el acento se pone en la continuidad del cuidado de Dios sobre su pueblo ya que pide: “pastoréales y susténtales para siempre”.

Solo Dios puede encargarse de ese “para siempre” pues la vida humana es un soplo en el tiempo pero Dios es eterno.

¿Has confiado a Dios tu seguridad eterna?

Si aun no la has hecho, no esperes a mañana, puede ser irremediablemente tarde.