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Salmo 30 – Sanidad (177)

Imagen del programa Salmo 30 – Sanidad (177) en Radio Solidaria

Salmo 30 Dependencia de Dios

Versículos 2-3 Sanidad

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando en nuestro recorrido por el libro de los salmos y ya hemos llegado al salmo treinta, uno de los muchos que escribió David, en el cual nos relata sus experiencia de dependencia de Dios y como aprendió lecciones muy importantes sobre la misma.

De hecho, al salmo treinta podríamos titularlo: Dependencia de Dios.

Vamos pues a leerlo completo para comprobar que esto es así, y seguidamente, pondremos nuestra mirada de hoy sobre los versículos dos y tres del salmo que son un relato muy breve de salvación obrada por Dios en la vida de David.

Vamos pues a leer el salmo treinta completo que dice así:

“Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, Y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. Jehová Dios mío, A ti clamé, y me sanaste. Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura. Cantad a Jehová, vosotros sus santos, Y celebrad la memoria de su santidad. Porque un momento será su ira, Pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría. En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido, Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte. Escondiste tu rostro, fui turbado. A ti, oh Jehová, clamaré, Y al Señor suplicaré. ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura? ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad? Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador. Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”.

Quedándonos con el recuerdo de este hermoso salmo treinta en nuestra memoria, vamos a poner nuestra Mirada sobre los versículos dos y tres del mismo que relatan la maravillosa salvación que Dios obró en la vida del salmista, pues dicen:

“Jehová Dios mío, A ti clamé, y me sanaste. Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura”.

Parece que el salmista está recordando una enfermedad muy grave a cauda de la cual estuvo a punto de morir, pero, en todo caso fue una gran experiencia de dependencia de Dios.

Vamos a repasar estos versículos del salmo treinta. Comienza David diciéndonos un resumen de la intervención sanadora de Dios en su enfermedad, pues dice:

“Jehová Dios mío, A ti clamé, y me sanaste”.

El salmista detalla ahora la gravedad de su dolencia indicando que ya le daban por muerto, pues añade: “Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol”.

Esto recalca la gravedad de su mal que ya el mismo pensaba que era el final de su vida y Dios intervino, respondiendo a su ruego devolviéndole la salud perdida.

Pues dice: “Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura”. Y aun añade finalmente:

“Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura”.

Dios, nuestro Dios, no ha cambiado, es tan poderoso y misericordioso como en los tiempos de David.

Si dependemos de Él, si clamamos a Él, si recurrimos a su infinita misericordia, Él responderá con bendición.