Salmo 31 – Súplica confiada (181)

Salmo 31 Confianza en la anguistia
Versículos 1-2: Fe y súplica
Bienvenidos a Miradas. En nuestro recorrido por los salmos acabamos de llegar al salmo treinta y uno.
Fue escrito por David y es una intensa oración que manifiesta una total confianza en un momento de angustia.
Leeremos los diez primeros versículos para situarnos en el tema del salmo y después miraremos con más atención los versículos uno y dos.
Los primeros diez versículos del salmo treinta y uno dicen así:
“En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Sácame de la red que han escondido para mí, Pues tú eres mi refugio. En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad. Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; Mas yo en Jehová he esperado. Me gozaré y alegraré en tu misericordia, Porque has visto mi aflicción; Has conocido mi alma en las angustias. No me entregaste en mano del enemigo; Pusiste mis pies en lugar espacioso. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido”.
Después de esta toma de contacto con el salmo treinta y uno vamos a leer de nuevo los versículos uno y dos para detener en ellos nuestra Mirada de forma más atenta.
Estos primeros dos versículos del salmo treinta y uno dicen así:
“En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme”.
El ruego del salmista comienza ya en estos primeros pasos del salmo, veamos tres etapas de este inicio. Comienza diciendo:
“En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás”. Buen comienzo para una oración a Dios, pues dice dos cosas muy importantes, la primera que solamente confía en Dios y la segunda que lo hace para no ser confundido. Pero, la segunda frase del inicio del salmo es también digna de analizar, pues hace tres peticiones muy breves, diciendo:
“Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto”.
¿Cómo puede el salmista pedir que Dios sea justo para librarle? ¿Acaso lo merece? ¿Merece alguien ser salvado por Dios? Es evidente, como se comprueba más adelante, que el salmista recurre no a derecho de ser salvado sino a la misericordia de Dios para hacerlo.
En la segunda petición breve pide atención personal. ¿te has planteado que Dios te puede atender personalmente? Y la tercera petición breve es un SOS de urgencia.
La tercera frase de este inicio de la oración del salmista es un compromiso con Dios al entregarle su seguridad diciendo:
“Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme”.
El salmista sabe muy bien que fuera de Dios no hay salvación y se encomienda a Él para ser salvo.
¿Lo has hecho tú?
¿Has puesto tu vida en las manos del único y eterno Salvador?
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