Salmo 31 – Esperanza firme (183)

Salmo 31 Confianza en la angustia
Versículos 5-6: Esperanza firme
Bienvenidos a Miradas. En este programa estamos haciendo un recorrido continuado por el libro de los salmos, poniendo cada día nuestra Mirada sobre un trocito de uno de ellos.
En este recorrido, hemos llegado ya al salmo treinta y uno, siendo este el tercer programa que le dedicamos.
Este salmo es bastante extenso por lo cual no podemos leerlo entero cada día como hacemos con los salmos breves, por eso leeremos solamente los primeros diez versículos para tener una idea del tema del salmo y después nos fijaremos en los versículos cinco y seis.
Los primeros diez versículos del salmo treinta y uno dicen así:
“En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Sácame de la red que han escondido para mí, Pues tú eres mi refugio. En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad. Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; Mas yo en Jehová he esperado. Me gozaré y alegraré en tu misericordia, Porque has visto mi aflicción; Has conocido mi alma en las angustias. No me entregaste en mano del enemigo; Pusiste mis pies en lugar espacioso. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido”.
Después de leer el comienzo de este salmo treinta y uno vamos a dedicar nuestra Mirada con atención a los versículos cinco y seis que dicen así:
“En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad. Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; Mas yo en Jehová he esperado”.
Sin caer para nada en la rutina, fijemos nuestra Mirada en tres movimientos de esta parte del ruego del salmista.
La primera frase fue la última del Señor al morir en la cruz, pues el salmista dice:
“En tu mano encomiendo mi espíritu”.
Es una frase muy importante, porque nuestra vida es mucho más que nuestro cuerpo físico.
Nuestro cuerpo es el vehículo para esta vida en la tierra, pero nosotros dejaremos este cuerpo al morir y seguiremos viviendo. Si Dios es nuestro Salvador en Jesucristo, viviremos con Él y esta frase tendrá sentido.
La segunda frase confirma esto, pues dice: “Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad”.
Es decir era el mismo Dios quien le había comprado para sí y Dios siempre cumple su palabra, por lo tanto, su salvación era segura. Por esa razón sigue diciendo:
“Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; Mas yo en Jehová he esperado”.
¿En quien has puesto tu esperanza?
¿La has puesto en Dios, como el salmista?
¿O quizás vives sin esperanza segura? Pues no pierdas tu precioso tiempo y resuelve este asunto cuanto antes porque no hay nada más terrible que morir sin esperanza.
Busca a Dios mientras tienes tiempo, búscale de corazón.
«Holy first Love»

Alabanza With You # 33
En este programa aprenderemos la canción «Holy first Love».
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