Salmo 31 – Confianza confirmada (189)

Salmo 31 Confianza en la angustia
Versículos 21-22: Confianza confirmada
Bienvenidos a Miradas. En este programa nos hemos propuesto hacer un recorrido sistemático por el libro de los salmos, que es el libro más extenso de la Biblia, y el más citado en el Nuevo Testamento.
Hemos llegado ya al salmo treinta y uno, mas bien lo estamos terminando, y la riqueza de enseñanza que surge de los salmos es abrumadora.
Este salmo treinta y uno es una muestra más, y no pequeña.
En este salmo se nos muestra una situación muy difícil y que no parece terminar, en medio de la cual el salmista expresa su firme confianza en Dios.
Leeremos en primer lugar los versículos veintiuno y veintidós para después dedicarles una atención especial.
Los versículos veintiuno y veintidós del salmo treinta y uno dicen así:
“Bendito sea Jehová, Porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada. Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba”.
El panorama ha cambiado por completo. Se terminó la angustia, pasó el peligro por el cual el salmista pedía ayuda a Dios, con confianza, pero con urgencia, como se ve en los versículos uno al dieciocho del salmo, Dios escuchó y contestó la oración de su siervo de forma completa y muy evidente para los que le afligían.
Por esta razón, a partir del versículo diecinueve el salmista manifiesta su gratitud de todo corazón.
En los versículos que hemos escogido para hoy dice dos cosas muy importantes afirmando que su confianza en dios había sido ampliamente confirmada. Vamos a ver esas dos cosas. Primero dice:
“Bendito sea Jehová, Porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada”.
El salmista no solo agradece sino que ensalza porque la ayuda divina fue maravillosa, asombrosa, espectacular, y, además, fue misericordiosa, es decir, no merecida en absoluto, sino otorgada en abundancia a pesar de no merecerla, realmente maravilloso. Pera la alabanza del salmista a Dios por su liberación aun agrega otro dato muy especial, pues el salmista agrega:
“Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos”.
Esto deja muy claro, que, aunque el salmista confiaba plenamente en Dios, creía que iba a morir, que ya no había salida para su vida, que Dios era de confianza pero no quería que siguiese viviendo.
Esta es una actitud muy sabia. No siempre que pedimos por la vida de alguien, o por la nuestra, es la voluntad de Dios responder positivamente, pero eso no debe alterar nada en absoluto nuestra confianza en Él, porque sabe mejor lo que conviene a cada uno en cada ocasión, así que, confiemos. Pero el salmista se llevó una sorpresa, pues tuvo plena respuesta, así lo reconoce diciendo:
“Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba”.
Ese oíste quiere decir que no solo oyó sino que contestó concediendo la petición. Nunca dudemos de Dios, Él es siempre de toda confianza, pero no siempre hace todo lo que le pedimos porque Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene realmente.
Así que, confiemos y pidamos en la seguridad de que siempre hará lo mejor.