Salmo 32 – Opciones razonadas (195)

Salmo 32 Confesión y Perdón
Versículos 10-11: Opciones razonadas
Nuestro recorrido continuado por el libro de los salmos ya ha llegado al final del salmo treinta y dos, un salmo de David que cuenta un episodio de confesión y perdón vivido por el salmista y como esa experiencia reafirmó su relación con Dios.
Hoy terminamos el salmo, pero antes de comentar los dos últimos versículos del mismo vamos a leerlo completo una vez más para dejarnos empapar de su contenido.
El salmo treinta y dos dice así: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti. Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia. Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”.
Después de leer el salmo vamos a detenernos en sus dos últimos versículos que son una moraleja que aplica lo aprendido por el salmista en su episodio de confesión y perdón.
Los versículos diez y once del salmo treinta y dos dicen así: “Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia. Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”.
Es evidente, a primera vista, que hay dos resultados para las vidas, según su relación con Dios. Veamos, primero se menciona el resultado para quien se burla de Dios, no le tiene en cuenta y le desobedece voluntariamente, a sabiendas de quien es, porque todos saben quien es Dios pero, algunos se creen más listos y que pueden tener una vida mejor sin Él, estos son los impíos y a ellos se refiere el salmista cuando dice escuetamente:
“Muchos dolores habrá para el impío”.
En palabras del Señor: ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? La eternidad es lo que cuenta. Pero, volvamos la vista a los que dependen de Dios, pues dice de ellos:
“Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia”. No dice, se lo han ganado, lo merecen, sino estarán rodeados de misericordia.
Es decir, no es cuestión de méritos propios, no son perfectos, solamente se refugian en Dios con fe y le sirven con gratitud.. Por eso propone al final:
“Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”.