Salmo 33 – Dueño (199)

Salmo 33 Creador, Señor y Salvador
Versículos 13-17: Dueño
En nuestro diario paseo por el libro de los salmos hemos llegado al salmo treinta y tres y ya estamos terminándolo.
Hoy leeremos los últimos versículos del salmo y comentaremos desde el trece al diecisiete en los cuales se reconoce un aspecto peculiar del señorío de Dios sobre la humanidad.
Vamos a leer los versículos trece al veintidós para fijar después nuestra Mirada en los que hemos comentado.
Los últimos versículos del salmo treinta y tres dicen así:
“Desde los cielos miró Jehová; Vio a todos los hijos de los hombres; Desde el lugar de su morada miró Sobre todos los moradores de la tierra. El formó el corazón de todos ellos; Atento está a todas sus obras. El rey no se salva por la multitud del ejército, Ni escapa el valiente por la mucha fuerza. Vano para salvarse es el caballo; La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar. He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, Sobre los que esperan en su misericordia, Para librar sus almas de la muerte, Y para darles vida en tiempo de hambre. Nuestra alma espera a Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, Porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, Según esperamos en ti”.
Después de leer estos versículos finales del salmo treinta y tres vamos a recordar de nuevo los versículos objeto de nuestra Mirada de hoy y que se refieren al señorío de Dios sobre toda la humanidad como Dueño que es de todo cuanto existe.
Leemos de nuevo estos versículos que dicen así:
“Desde los cielos miró Jehová; Vio a todos los hijos de los hombres; Desde el lugar de su morada miró Sobre todos los moradores de la tierra. El formó el corazón de todos ellos; Atento está a todas sus obras. El rey no se salva por la multitud del ejército, Ni escapa el valiente por la mucha fuerza. Vano para salvarse es el caballo; La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar”.
Vamos a examinar tres aspectos de este señorío. El primero es que nadie, ninguna persona de este mundo, puede ocultarse de la mirada de Dios, pues el salmo dice:
“Desde los cielos miró Jehová; Vio a todos los hijos de los hombres; Desde el lugar de su morada miró Sobre todos los moradores de la tierra”.
Es importante recordarlo. Pero, sigue diciendo: “El formó el corazón de todos ellos; Atento está a todas sus obras”. Es decir, conoce a la perfección a cada ser humano y todo lo que cada uno hace. Vamos, que no es un Señor distante, sino muy cercano a cada una de nuestras vidas.
Seguidamente, destruye un argumento muy humano: la fuerza disuasoria, es decir, no te metas conmigo porque soy más fuerte. Pues el salmo dice:
“El rey no se salva por la multitud del ejército, Ni escapa el valiente por la mucha fuerza. Vano para salvarse es el caballo; La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar”.
En resumen, al Señor de todo el universo le importamos tanto que vela por nosotros con atención, no se escapa nada de lo que hacemos, por muy en secreto que lo hagamos, y si creemos ser fuertes ante Él nos equivocamos, no hay fuerza posible para resistir.
Seamos sumisos ante Dios.