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Salmo 34 – Seguridad (202)

Imagen del programa Salmo 34 – Seguridad (202) en Radio Solidaria

Salmo 34 Salmo de David

Versículos 7-10: Seguridad

Bienvenidos a Miradas. Hemos llegado al salmo treinta y cuatro uno de los salmos escritos por David, en el cual se cantan los beneficios recibidos de Dios como son el cuidado y la defensa, por eso el salmo se inicia con un canto de alabanza y continúa con una lista de beneficios que los creyentes reciben de Dios.

Hoy detendremos nuestra Mirada en los versículos siete al diez, en los cuales el salmista proclama la gran seguridad que el creyente tiene en Dios y que puede tener cualquiera que pone en Dios su confianza.

Comenzaremos leyendo estos versículos para, seguidamente, comentarlos. Los versículos siete al diez del salmo treinta y cuatro dicen así:

“El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende. Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. Temed a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien”.

El inicio de estos versículos es una de las frases favoritas del libro de los salmos, pues dice:

“El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende”.

Vamos a leerla de nuevo para saborearla:

“El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende”, es decir, el cuidado de Dios abraza, literalmente, a los que confían en Él, les rodea de protección.

Es imposible una defensa mejor. No hay sistema de seguridad o blindaje que pueda superarlo, ni ataque que pueda atravesarlo.

¡Qué bueno es confiar en Dios! Por eso, el salmista continua invitando a cualquiera a comprobarlo, pues dice:

“Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él”.

¿Te animas a hacer la prueba? Siempre necesitamos confiar en alguien, pues nadie mejor que Dios para depositar en Él toda nuestra confianza. Pues a nadie le importamos tanto y nadie tiene tantos recursos ni tanto poder.

A continuación, el salmista recuerda que la confianza en Dios, y con Dios, incluye siempre la reverencia. Y es que la relación con Dios, aunque sea de plena confianza, es una relación de pequeñito a inmenso, de fugaz a eterno, de débil a todopoderoso, por eso dice David seguidamente:

“Temed a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen”.

La debida reverencia a Dios es inexcusable pero tiene como contrapartida su permanente y completa provisión ya que el Señor cuida especialmente a los suyos. Y no se trata de proveer para caprichos sino para lo realmente necesario, eso quiere decir “nada falta a los que le temen”, pues en nuestro mundo materialista tendemos a querer compararnos con los demás y cuando tenemos menos que ellos, queremos llegar a su altura.

Así que, por si no lo hemos entendido bien, añade una ilustración que lo aclara aun más, pues dice:

“Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien”.

No se trata, pues, de tener cosas, sino bienes, que no es lo mismo.

Cosas es solamente lo material, bienes es satisfacer lo verdaderamente necesario, no solo para el cuerpo sino también para el alma. Prueba con Dios y lo comprobarás.