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Salmo 36 – Bondad inmensa (212)

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Salmo 36 Salmo de David

Versículos 5-6: Bondad inmensa

Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro recorrido por el monumental libro de los salmos, que, como ya hemos dicho otros días, es el más extenso de la Biblia y también el más citado en el Nuevo Testamento.

En nuestro recorrido vamos salmo por salmo desde el primero, y en cada salmo comentamos todos los versículos, aunque sea brevemente.

Pues, siguiendo ese plan, ya hemos llegado al salmo treinta y seis, uno de los que escribió David.

Este salmo trata tres cuestiones de sumo interés; primero describe, de forma muy gráfica y detallada, la maldad humana, después, en un contraste magistral, proclama la misericordia de Dios, y, en tercer lugar, termina el salmo con una petición a Dios y una declaración de confianza en su justicia.

Cada día iremos leyendo un trocito del salmo y comentándolo, así que hoy leeremos los versículos cinco y seis de este salmo treinta y seis en los cuales comienza una brillante descripción de la misericordia de Dios y que dicen así:

“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, Y tu fidelidad alcanza hasta las nubes. Tu justicia es como los montes de Dios, Tus juicios, abismo grande. Oh Jehová, al hombre y al animal conservas”.

Después de leer estos breves versículos del salmo treinta y seis, vamos a pararnos para fijar nuestra Mirada de hoy en cada frase. Comencemos por la primera, que dice así:

“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia”.

La misericordia es uno de los atributos, o características, de Dios, y por lo tanto, infinita. Eso es lo que quiere decir el salmista.

Es muy interesante que acaba de describir la maldad humana y ahora vuelve su mirada a la excelsa misericordia de Dios, como contraste supremo, que nos recuerda que es el único remedio para la maldad.

La siguiente frase es como un eco de la primera pero añade un aspecto más del carácter de Dios, diciendo: “Y tu fidelidad alcanza hasta las nubes”.

Esto es tanto como decir que la misericordia de Dios no es ocasional o con fecha de caducidad, sino que permanece porque Dios es fiel más allá de toda consideración y cuando Él promete algo ya podemos darlo por hecho, porque Él es absolutamente verdadero.

El salmista continua mirando a Dios y nos dice:

“Tu justicia es como los montes de Dios”. Cuando se habla de la justicia de Dios en la Biblia hay dos acepciones de la misma, una que dios nunca hace injusticia y da a cada uno exactamente lo que le corresponde, y, otra, que Dios siendo perfectamente justo justifica al pecador, atribuyéndole la justicia de Cristo si arrepentido cree en Él. Pero, en todo caso, y siguiendo al salmista, es una justicia colosal, grandiosa, perfecta. Pero, el salmista continúa diciendo:

“Tus juicios, abismo grande”. Cuando se habla de juicios, normalmente significa castigos, con lo cual podemos entender que quien no se acoge a la misericordia de Dios, arrepintiéndose de sus pecados y creyendo en Cristo, solamente puede esperar la negrura del abismo inmenso del castigo divino.

La última frase de estos versículos proclame la bondad de Dios sobre toda su creación, pues dice: “Oh Jehová, al hombre y al animal conservas”.

Él es quien cuida verdaderamente de la ecología. No tengas en poco la bondad de Dios para contigo y cree en Cristo.

Salmo 36 – Ruta malvada (211)

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Salmo 36 Salmo de David

Versículos 1-4: Ruta malvada

Bienvenidos a Miradas. Como ya sabes, estamos recorriendo el libro de los salmos, que es el más extenso de la Biblia y también el más citado en el Nuevo Testamento.

En nuestro recorrido no nos dejamos atrás ningún salmo y ya hemos llegado hoy al salmo treinta y seis, uno de los que escribió David.

Este salmo trata tres cuestiones de sumo interés; primero describe, de forma muy gráfica y detallada, la maldad humana, después, en un contraste magistral, proclama la misericordia de Dios, y, en tercer lugar, termina el salmo con una petición a Dios y una declaración de confianza en su justicia.

Cada día iremos leyendo un trocito del salmo y comentándolo, así que hoy leeremos los versículos uno al cuatro de este salmo treinta y seis, en los cuales se describe de una forma muy detallada y gráfica el carácter malvado, pues dicen así estos versículos:

“La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos. Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, De que su iniquidad no será hallada y aborrecida. Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; Ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien. Medita maldad sobre su cama; Está en camino no bueno, El mal no aborrece”.

Después de leer este inicio del salmo treinta y seis vamos a ir examinándolo poco a poco.

Estos versículos que hemos leído tratan el primero de los temas del salmo, que, como ya hemos dicho hace un rato, es una descripción de la maldad humana. Comienza el salmo diciendo:

“La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos”.

Vamos, algo así como que anda por el mundo como si Dios no existiese, o más aun, como si sabiendo que existe no quiere respetarlo. Por lo tanto, lo que sigue es muy propio de tal comportamiento, pues dice a continuación:

“Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, De que su iniquidad no será hallada y aborrecida”.

Es como si se mirase al espejo y se dijese a si mismo que Dios no se va a enterar de las maldades que hace y por eso no habrá castigo para él.

El salmista aun no ha terminado su descripción de la maldad humana y añade: “Las palabras de su boca son iniquidad y fraude”.

O sea, que cada vez que habla lo hace a sabiendas con malignidad. Pero aun sigue describiendo para completar el cuadro diciendo: “Ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien”.

Esto da a entender que el personaje descrito es alguien que se ha desviado del buen camino y completa este aspecto de la descripción con un detalle notable, pues dice: “Medita maldad sobre su cama”.

Esto indica que cuando planea el día a día, ya incluye la maldad en sus planes, ya decide hacer el mal.

Por último, el salmista termina su descripción con dos apuntes más, pues agrega: “Está en camino no bueno”. Esto completa la cuidadosa y exhaustiva descripción señalando que el malo se ha equivocado de ruta y el toque final del cuadro es aun más contundente pues remata diciendo: “El mal no aborrece”.

Esta es la clave de todo. Ya se ha acostumbrado de tal manera a pensar y hacer el mal que ya le parece normal.

En todos nosotros hay algo de esto, mal que nos pese, por eso necesitamos la ayuda divina.