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Salmo 36 – Bondad eterna (213)

Imagen del programa Salmo 36 – Bondad eterna (213) en Radio Solidaria

Salmo 36 Salmo de David

Versículos 7-9: Bondad eterna

Bienvenidos a Miradas. Continuamos avanzando por el libro de los salmos y ya nos queda poco para terminar nuestro recorrido por el salmo treinta y seis.

Este salmo fue escrito por David, el salmista que fue pastor, guerrero y rey y que a lo largo de su vida experimentó todas las situaciones posibles y en sus salmos se manifiesta lo que sentía su alma delante de Dios en cada momento y circunstancia.

En este salmo; primero describe, de forma muy gráfica y detallada, la maldad humana, después, en un contraste magistral, proclama la misericordia de Dios, y, en tercer lugar, termina el salmo con una petición a Dios y una declaración de confianza en su justicia.

Cada día vamos leyendo un trocito del salmo y comentándolo, así que hoy leeremos primeramente, para comentarlos después, los versículos siete al nueve del salmo treinta y seis que dicen así:

“¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, Y tú los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz”.

Como seguramente has percibido, hay mucho contenido en estos versículos, que nos amplían las bondades de la misericordia divina, así que vamos a examinarlos poco a poco. Comienza el salmista diciendo:

“¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia!”.

Recordemos una vez más que cuando se habla de misericordia se nos está diciendo algo así como que Dios desciende hasta nuestras miserias para compadecerse y atender a todos los que le buscan con sinceridad de corazón.

El salmista lo entiende muy bien pues sigue diciendo: “Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas”.

Es decir, conscientes de su debilidad, te buscan para ser protegidos por Ti.

Seguidamente, el salmista se eleva en su argumento hasta el mismo cielo para proclamar hasta donde alcanzan los beneficios de la misericordia de Dios, pues dice: “Serán completamente saciados de la grosura de tu casa”.

Esto es tanto como decir: Les ofrecerás un banquete maravilloso en tu misma presencia, en tu gloria eterna, infinitamente más allá de todos los sinsabores de este mundo.

Seguidamente repite la misma idea, pero enriqueciendo su descripción, pues dice: “Y tú los abrevarás del torrente de tus delicias”.

Aludiendo a experiencias sin parangón que solamente podrán disfrutarse siendo huéspedes de Dios en su celestial morada. Aun añade, seguidamente, otro aspecto incluido en la presencia de Dios: la vida eterna, pues continúa diciendo: “Porque contigo está el manantial de la vida”.

Es decir, estar con Dios es tener la vida auténtica, la vida de Dios con todas sus maravillas. Y aun añade otro dato a tantas maravillas: La perfecta visión y comprensión que en esta tierra es imposible, esa comprensión a la que alude el apóstol san Pablo cuando dice en su primera epístola a los corintios trece doce:

“Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”.

Pues el salmista dice: “En tu luz veremos la luz”.

Preciosa esperanza