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Salmo 37 – Fracaso total (218)

Imagen del programa Salmo 37 – Fracaso total (218) en Radio Solidaria

Salmo 37 Salmo de David

Versículos 12-15: Fracaso total

Bienvenidos a Miradas. Avanzando un poco cada día, a lo largo de este extraordinario libro de los salmos, hemos llegado al salmo treinta y siete, que, además de ser bastante extenso, está repleto de buenos consejos y firmes promesas.

Su argumento principal es que siempre vale la pena depender de Dios, confiando en Él y obedeciendo su palabra, sin dejar que los atractivos del mal nos desvíen ni los desprecios nos desanimen.

Hoy pondremos nuestra Mirada en los versículos doce al quince de este salmo, que leeremos antes de detenernos en cada frase de los mismos.

Los versículos doce al quince del salmo describen el mal en acción hasta sus últimas consecuencias, pero, también su total fracaso, pues en ellos leemos lo siguiente:

“12 Maquina el impío contra el justo, Y cruje contra él sus dientes; 13 El Señor se reirá de él; Porque ve que viene su día. 14 Los impíos desenvainan espada y entesan su arco, Para derribar al pobre y al menesteroso, Para matar a los de recto proceder. 15 Su espada entrará en su mismo corazón, Y su arco será quebrado”.

Después de leer estos versículos vamos a mirarlos pormenorizadamente.

Comienzan describiendo la intención de los malvados contra los justos de una forma muy gráfica, pues dice:

“Maquina el impío contra el justo, Y cruje contra él sus dientes”.

Esto señala la premeditación ciega y malintencionada. Pero, seguidamente, el salmista ofrece el contraste que justifica la paciencia esperanzada del creyente fiel que espera la salvación de Dios sin tomarse la justicia por su mano, pues dice: “El Señor se reirá de él; Porque ve que viene su día”. Es decir, nosotros solo vemos el presente que parece estar contra nosotros, y, a veces, llegamos a pensar que no vale la pena la fidelidad, pero el Señor tiene delante de sí la historia completa de la humanidad y ve, como si estuviese sucediendo, lo que van a encontrar los malvados que nos acosan, sabe que van a pagar muy cara su maldad. El salmista repite la misma idea, añadiendo nuevas y muy gráficas ilustraciones, pues comienza diciendo: “Los impíos desenvainan espada y entesan su arco, Para derribar al pobre y al menesteroso, Para matar a los de recto proceder”. Es decir, quieren eliminar a los que le señalan con su limpio comportamiento, que pone de relieve, como contraste, su maldad.

Esto es muy habitual, El comportamiento honesto es una denuncia continua y silenciosa del impío y este no puede soportarlo. Pero, el salmista lleva de nuevo nuestra mirada al Señor que ya tiene delante el castigo del malvado y usando los mismos términos de la descripción de las intenciones del malvado dice lo siguiente:

“Su espada entrará en su mismo corazón, Y su arco será quebrado”.

O sea, Dios volverá contra él sus mismas armas que serán las ejecutoras de su castigo. Pero quizá se nos escapa algo muy importante.

Dios tiene paciencia con el malo porque espera su arrepentimiento para salvación, porque quiere que todos sean salvos, aunque no obliga a nadie la fe ha de ser personal y voluntaria.

¿Cuál es tu caso? ¿Te has arrepentido de tu maldad? Dios está esperando tu regreso, pero puede acabarse el plazo. Vuélvete a Él hoy mismo.