Salmo 37 – Vida limpia (222)

Salmo 37 Salmo de David
Versículos 30-33: Vida limpia
Bienvenidos a Miradas. Todavía seguimos recorriendo el salmo treinta y siete, escrito por David, porque, debido a su extensión –tiene cuarenta versículos- y lo poco que avanzamos cada día, nos permite ocuparnos de él bastantes días, y de paso, ir descubriendo riquezas que si fuésemos más deprisa quedarían inéditas.
Este salmo se parece a una colección de sentencias de sabiduría que confluyen todas ellas en recomendar la dependencia de Dios en toda circunstancia porque Dios siempre responde con su cuidado a todo el que confía en Él.
Vamos a leer los versículos treinta al treinta y tres para después detenernos en cada frase y comentarla.
Los versículos treinta al treinta y tres del salmo treinta y siete, que ensalzan la vida limpia, dicen así:
“30 La boca del justo habla sabiduría, Y su lengua habla justicia. 31 La ley de su Dios está en su corazón; Por tanto, sus pies no resbalarán. 32 Acecha el impío al justo, Y procura matarlo. 33 Jehová no lo dejará en sus manos, Ni lo condenará cuando le juzgaren”.
Vamos a repasar lo que hemos leído.
El versículo treinta se refiere a lo que habla el justo, es decir, el creyente, y señala dos cosas, pues dice: “La boca del justo habla sabiduría, Y su lengua habla justicia”.
Job veintiocho, veintiocho, nos recuerda que “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría”, por lo tanto, el que habla sabiduría auténtica, la única que puede llamarse por ese nombre, es quien vive en el temor de Dios, reverenciándole y obedeciéndole cada día, de tal manera que su hablar refleja su sentir; pero aún añade que “habla justicia”, esto también es muy importante, pues es tanto como decir que no dice nada indebido, sino lo que debe decirse de cada cosa, pero, seguidamente, descubrimos el origen de su forma de hablar, pues el versículo treinta y uno dice:
“La ley de su Dios está en su corazón; Por tanto, sus pies no resbalarán”. Otras dos cosas notables, por un lado la palabra de Dios gobierna sus deseos, decisiones y voluntad, por eso cuando habla lo hace en perfecta sintonía con Dios. Pero también dice este versículo treinta y uno que “sus pies no resbalarán”, dicho vulgarmente, que no mete la pata, que no se pilla en un fallo, o sea, que su vida se corresponde con su forma de hablar ya que está gobernada por la palabra de Dios en cada paso de la misma.
El versículo treinta y dos es inquietante y no deja lugar a dudas, pues dice: “Acecha el impío al justo, Y procura matarlo”.
Esto es así desde los tiempos de Caín y Abel; porque la buena conducta del creyente señala, sin proponérselo, la maldad del impío, poniéndole en evidencia, y este no puede soportarlo, así que procura eliminar al creyente para que no sea tan evidente su propia maldad.
Pero, el versículo treinta y tres nos devuelve la tranquilidad, porque dice:
“Jehová no lo dejará en sus manos, Ni lo condenará cuando le juzgaren”.
¡Cuanta tranquilidad nos dan estas palabras! Se trata del cuidado personal de Dios en los momentos difíciles, en los más difíciles.
Si verdaderamente confías en el Señor y le sirves de corazón, Él cuidará de ti cuando sea necesario.