Salmo 37 – Importa el después (224)

Salmo 37 Salmo de David
Versículos 37-38: Importa el después
Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro diario recorrido por el libro de los salmos, el más extenso de la Biblia, y ya hemos llegado casi al final del salmo treinta y siete.
Este salmo, escrito por David, por su extensión, nos ha tenido ocupados durante bastantes días, aunque, a cambio, nos ha permitido descubrir tesoros de sabiduría que pasarían inadvertidos si fuésemos más deprisa.
Este salmo nos ofrece una extensa reflexión sobre la conveniencia de vivir dependiendo de Dios sin dejarse deslumbrar por los atractivos de este mundo ni desanimarse por sus ataques porque Dios siempre responde con su cuidado a los que confían en Él.
Vamos a leer los versículos treinta y siete y treinta y ocho para después detenernos en cada frase y comentarla.
Los versículos treinta y siete y treinta y ocho del salmo treinta y siete, que confirman la importancia de confiar en Dios nuestro futuro, dicen así:
“37 Considera al íntegro, y mira al justo; Porque hay un final dichoso para el hombre de paz. 38 Mas los transgresores serán todos a una destruidos; La posteridad de los impíos será extinguida”.
El tema de estos versículos podríamos titularlo “el después” es decir, el resultado de la vida, de toda la vida, y en estos versículos se examina en pocas, pero contundentes palabras, el resultado de dos clases de vida, primero la vida del creyente, al que se llama justo, y decimos esto porque la palabra de Dios declara tajantemente que no hay justo ni aun uno, pero también dice que todo aquel que pone su fe en Cristo es por así decirlo, vestido con su perfecta justicia y ya se le llama justo, o incluso santo; bien, pues estos versículos que hemos leído, comparan el “después” del justo con el “después” del impío.
La primera frase del versículo treinta y siete dice:
“Considera al íntegro, y mira al justo”. Es decir, fíjate en ese del cual el mundo se burla por su vida separada de sus apetitos y engaños.
A continuación, la segunda frase de ese mismo versículo descubre con sencillez y claridad el “después” del creyente, pues dice:
“Porque hay un final dichoso para el hombre de paz”. Y, sin duda, este “final” es el principio del “después”, ese “después” en el cual la felicidad y la dicha permanentes, que queremos conseguir en este mundo por nuestros medios, y nunca alcanzamos, serán interminables, sin fin.
A continuación, en el versículo treinta y ocho de este salmo treinta y siete, el salmista nos descubre el triste y terrible “después” de los impíos, que, para que no haya malas interpretaciones, en su mayoría, no son peores que nosotros, sino que han decidido conscientemente no tener a Dios en cuenta en sus vidas pensando equivocadamente que saben muy bien como llevar sus vidas, y que, piensan ellos, no hay otra vida después de esta.
Trágica equivocación, espantoso error. El versículo treinta y ocho comienza diciendo:
“Mas los transgresores serán todos a una destruidos”.
De su gloria y dicha temporal no quedará nada, su “después” será oscuridad perpetua. No habrá herencia de Dios, se acabará todo para ellos, pues termina el versículo diciendo:
“La posteridad de los impíos será extinguida”.
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Salmo 37 – Esperanza segura (223)

Salmo 37 Salmo de David
Versículos 34-36: Esperanza segura
Bienvenidos a Miradas. Todavía continuamos nuestro tranquilo paseo por el salmo treinta y siete, uno de los que escribió David, porque es bastante extenso y su contenido muy denso y rico, tanto como para detenernos cada día en unas pocas frases del mismo.
Este salmo tiene mucha semejanza con el libro de los proverbios, porque es una serie de dichos sabios, pero el tema que define su conjunto es la plena dependencia de Dios como la manera más sabia de vivir, sean cuales sean las circunstancias que nos toque vivir, porque Dios nunca traiciona la confianza de los suyos, sino que les asegura su cuidado permanente.
Vamos a leer los versículos treinta y cuatro al treinta y seis para después detenernos en cada frase y comentarla. Los versículos treinta y cuatro al treinta y seis del salmo treinta y siete, que apuntan a la seguridad de la esperanza de quienes confían en Dios, dicen así:
“34 Espera en Jehová, y guarda su camino, Y él te exaltará para heredar la tierra; Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás. 35 Vi yo al impío sumamente enaltecido, Y que se extendía como laurel verde. 36 Pero él pasó, y he aquí ya no estaba; Lo busqué, y no fue hallado”.
Estos versículos que hemos leído son un acicate para nuestra esperanza. Vamos a mirarlos con atención, uno por uno, para comprobarlo.
El versículo treinta y cuatro nos permite verlo en tres partes, porque cada una de ellas tiene un contenido importante, aunque relacionado, veamos, comienza diciendo:
“Espera en Jehová, y guarda su camino”.
Dicho en otras palabras, obedece al Señor aunque tengas dudas o impaciencia, mantente firme aplicando a tu vida su palabra con esperanza, porque, sigue diciendo este versículo treinta y cuatro:
“Y él te exaltará para heredar la tierra”. O sea, no vas a ser olvidado, tu fidelidad tendrá su recompensa, serás reconocido como heredero de Dios, nada menos.
Pero, mientras tanto, hay un trayecto a recorrer, así que, espera con paciencia.
El momento llegará cuando su juicio se aplique definitivamente a los impíos, entonces quedará claro que tu fidelidad valía la pena, pues la última frase de este versículo treinta y cuatro dice:
“Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás”.
Seguidamente, el salmista vuelve de nuevo a mirar su relación con la sociedad sin Dios en la perspectiva de la esperanza, es decir, viendo el presente y el futuro, porque se lo permite su esperanza fundada en la palabra de Dios, así que, comienza diciendo:
“Vi yo al impío sumamente enaltecido, Y que se extendía como laurel verde”.
Esa es la situación actual de quien mira al creyente como si este fuese un insecto y se pavonea ante él queriendo convencerle de que servir a Dios es un fracaso ya que él no lo hace y le va bien. Pero, cuando el creyente mira al futuro, iluminado por la palabra de Dios, descubre que la gloria del mundo impío es temporal, efímera, y no queda nada, solo ceniza, pues dice en el versículo treinta y seis:
“Pero él pasó, y he aquí ya no estaba; Lo busqué, y no fue hallado”.
No te dejes atraer por la gloria del mundo, es pasajera, desaparecerá sin dejar ni rastro.