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Salmo 38 – Los enemigos aprovechan (229)

Imagen del programa Salmo 38 – Los enemigos aprovechan (229) en Radio Solidaria

Salmo 38 Versículos 12-15: Los enemigos aprovechan

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos, el cancionero del pueblo de Dios, la poesía más elevada que se ha escrito jamás, pero que, a la vez, es un magnífico tratado de teología, es decir de conocimiento de Dios.

Esto quiere decir que este libro, el más extenso de la Biblia, es una auténtica joya entre los libros que forman esa biblioteca divina que llamamos la Sagrada, o Santa, Escritura, el libro de Dios.

Pues, en nuestro continuado viaje por este libro tan excepcional hemos llegado, salmo tras salmo, al salmo treinta y ocho.

Este salmo es una queja muy dolorosa a causa de una situación muy angustiosa que está sufriendo el salmista.

Una situación de pecado está recibiendo el castigo de Dios en una dolorosa y asquerosa enfermedad de la piel que le hace repugnante ante los demás que se alejan de él, no solo los conocidos, sino los amigos e incluso la familia.

Además, los enemigos del bien también están contra él.

Estamos llegando ya al final del salmo y hoy, en nuestro penúltimo programa dedicado a este salmo treinta y ocho, leemos los versículos doce al quince, que dicen así:

“Los que buscan mi vida arman lazos, Y los que procuran mi mal hablan iniquidades, Y meditan fraudes todo el día. Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; Y soy como mudo que no abre la boca. Soy, pues, como un hombre que no oye, Y en cuya boca no hay reprensiones. Porque en ti, oh Jehová, he esperado; Tú responderás, Jehová Dios mío”.

Después de leer esto versículos vamos a comentarlos con calma.

La primera frase se refiere a los enemigos del salmista y sus malas artes pues dice:

“Los que buscan mi vida arman lazos”, o sea, le ponen trampas, pero además, le difaman, pues añade:

“Y los que procuran mi mal hablan iniquidades, Y meditan fraudes todo el día”, los fraudes, evidentemente eran para implicarle.

Sin embargo, la reacción del salmista es muy prudente y sensata pues, en primer lugar, hace aquello de “a palabras necias oídos sordos” pues dice:

“Mas yo, como si fuera sordo, no oigo”, pero, no solo no atiende a las provocaciones sino que tampoco contesta, haciendo aquello de que si uno no quiere, dos no discuten, pues agrega: “Y soy como mudo que no abre la boca”, Y repite una vez más su fórmula de reaccionar ante los ataques difamatorios diciendo:

“Soy, pues, como un hombre que no oye, Y en cuya boca no hay reprensiones”, Y. seguidamente, nos explica la razón de esta táctica ante sus enemigos, tiene un amigo en cuya ayuda confía por completo, Dios mismo, pues, dice:

“Porque en ti, oh Jehová, he esperado”.

Es decir, los refuerzos que espera son los de Dios, por eso no contesta, por eso no hace caso, espera la ayuda celestial. Y, además, su confianza es total, y la expresa con unas palabras muy hermosas, que deben ser las de cualquiera que es injustamente tratado cuando está dedicando su vida al servicio de Dios, pues dice:

“Tú responderás, Jehová Dios mío”.

Si alguna te tratan injustamente cuando tu vida está al servicio de Dios, no respondas, no tomes la justicia por tu mano.

Dios responderá por ti, encomiéndale tu causa y déjale a Él.