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Salmo 40 – Atendió mi ruego (236)

Imagen del programa Salmo 40 – Atendió mi ruego (236) en Radio Solidaria

Salmo 40 Versículos 1-3: Atendió mi ruego

Bienvenidos a Miradas. Nuestro continuado avance por el libro de los salmos nos ha llevado hasta el salmo cuarenta que hoy comenzamos a examinar.

Este salmo fue escrito por David y tiene una importante variedad de temas de gran importancia.

Comienza con el testimonio de la ayuda recibida de Dios seguido de una declaración de entrega personal, que es a la vez una profecía mesiánica, seguido de una petición de ayuda y confesión de pecado y petición de castigo para los enemigos, terminando con una declaración de plena confianza.

Los tres primeros versículos del salmo cuarenta dicen así:

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová”.

Ahora que los hemos leído vamos a examinarlos despacio para extraer con detalle su contenido.

La primera frase que no ofrece este salmo cuarenta es la siguiente:

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”.

Una enseñanza muy importante para la relación con Dios es la confianza sin desánimo, el salmista dice que ha esperado con paciencia, es decir, él insistió en su petición, sin desanimarse, y Dios puso el tiempo de actuar, porque, seguidamente, dice el salmista que “se inclinó a mí, y oyó mi clamor” es decir, que fue atendido con una clara condescendencia y respuesta.

Añade seguidamente unas palabras que dejan muy clara la salvación que Dios obró en su situación, pues dice:

“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso”.

Con estas palabras nos dice que su ánimo fue levantado y superada su angustia y esto se completa, ya que Dios nunca hace las cosas a medias, devolviéndole la seguridad, tanto de su situación como de su futuro, pues lo deja muy claro diciendo seguidamente:

“Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos”.

Lo que dice a continuación es un resultado muy natural, o debiera
serlo, ya que el salmista alaba a Dios de todo corazón, pues dice:

“Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios”.

Era un cántico nuevo porque estaba viviendo una situación nueva que lo motivaba, y era ofrecido a Dios porque la salvación recibida procedía de Él.

Es muy posible, que, en alguna ocasión hayamos recibido una bendición muy necesaria y esperada, por la que hemos orado y nos hayamos olvidado de reconocerla y agradecerla.

Esta secuencia que hemos visto hasta aquí, de petición y espera, sin desanimarse, y la respuesta completa que es reconocida y dada a conocer con un nuevo cántico, tienen un resultado muy importante en el entorno del salmista, pues añade que viendo esto otros que no creían volverán su ojos a Dios, el salmista lo dice así:

“Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová”.

Recordemos que el proceso es la oración sin desmayo, con paciencia, en medio de la angustia, y el testimonio por la ayuda recibida que alcanza a otros por su autenticidad manifiesta.

Pidamos con fe y paciencia, Dios obrará cuando sea el mejor momento.