Salmo 40 – Entrega total (238)

Salmo 40 Versículos 6-10: Entrega total
Bienvenidos a Miradas. Nuestro recorrido por el libro de los salmos nos ha traído hasta el salmo cuarenta, uno de los muchos que escribió David.
Este salmo es excepcional, pues reúne casi todos los temas que son habituales en los distintos salmos.
Veamos: en este salmo hay testimonio de la ayuda de Dios, y de sus maravillas, hay una profecía mesiánica, hay una petición de ayuda urgente y de castigo para los enemigos, y hay una declaración de esperanza, ¿se puede pedir más?
Hoy leeremos los versículos del seis al diez y los comentaremos en detalle.
Los versículos seis al diez del salmo cuarenta dicen así:
“Sacrificio y ofrenda no te agrada; Has abierto mis oídos; Holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí; El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón. He anunciado justicia en grande congregación; He aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes. No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; He publicado tu fidelidad y tu salvación; No oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea”.
Vamos repasar estos versículos con detalle.
El salmista se refiere ahora a la costumbre de los esclavos de ofrecer su servicio perpetuo cuando eran liberados por la ley del jubileo, aunque también puede ser que quiera decir que el sacrificio que a Dios le agrada es la obediencia, pues dice:
“Sacrificio y ofrenda no te agrada; Has abierto mis oídos”.
Aunque también está, sin saberlo, anticipando la entrega de la vida de Jesucristo mil años más tarde, pues, aunque refuerza lo anterior cuando sigue diciendo:
“Holocausto y expiación no has demandado”. Y, seguidamente añade:
“Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí; El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado”.
Y estas palabras las recoge el escritor de la epístola a los hebreos como referentes a la entrega obediente de Cristo como ejemplo supremo de perfecta obediencia pero, también de sacrificio definitivo por el pecado.
Con todo, es importante recordar que David está pensando en sus propia relación con Dios, y, por tanto, nos dice que ha comprendido que Dios se agrada más de la obediencia que de las ceremonias.
Lo confirman las siguientes palabras ya que dice: “Y tu ley está en medio de mi corazón”.
Con lo cual nos indica que la voluntad de Dios preside su vida.
Seguidamente nos habla de su testimonio ante los demás, pues dice:
“He anunciado justicia en grande congregación; He aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes”.
Pero no se refiere a sus hazañas personales sino a las maravillas de Dios, pues añade:
“No encubrí tu justicia dentro de mi corazón”.
Esta declaración indica que su proclamación era el fiel testimonio de lo que llevaba dentro. De nuevo repite el mismo argumento al decir:
“He publicado tu fidelidad y tu salvación”. Y añadir de nuevo:
“No oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea”.
Nos dejan estos versículos dos enseñanzas muy valiosas: Obediencia a incondicional a Dios y testimonio a su pueblo.
Esto vale para todas las épocas y circunstancias.