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Salmo 41 – Confesión sincera (242)

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Salmo 41 Versículos 1-13: Confesión sincera

Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro paseo diario por el libro de los salmos, disfrutando cada día de las riquezas que encierran.

Nuestro recorrido nos ha llevado hasta el salmo cuarenta y uno, que estamos comenzando, y del cual veremos hoy el versículo cuatro.

Este salmo, escrito por David, nos deja conocer una situación de necesidad del salmista, acosado por sus enemigos y abandonado por sus amigos, y, además, enfermo.

El único refugio que le queda es Dios, y a su cuidado se entrega. David expone su situación, incluyendo su pecado, y se refugia en la misericordia de Dios.

Vamos a leer el salmo completo, dada su brevedad, y después comentaremos el versículo cuatro.

El salmo cuarenta y uno dice así: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová. Jehová lo guardará, y le dará vida; Será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad. Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado. Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre? Y si vienen a verme, hablan mentira; Su corazón recoge para sí iniquidad, Y al salir fuera la divulgan. Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen; Contra mí piensan mal, diciendo de mí: Cosa pestilencial se ha apoderado de él; Y el que cayó en cama no volverá a levantarse. Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar. Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar, Y les daré el pago. En esto conoceré que te he agradado, Que mi enemigo no se huelgue de mí. En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre. Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos. Amén y Amén”.

Ahora, después de leer el salmo, leeremos de nuevo el versículo cuatro para después comentarlo.

El versículo cuatro del salmo cuarenta y uno dice así: “Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado”.

Este versículo nos presenta tres pasos en el ruego del salmista.

Primero, se acoge a la misericordia de Dios, es decir parte del hecho de que no tiene ningún derecho, no merece nada, y, por eso, dice: “ten misericordia de mí”.

Seguidamente, pide sanidad espiritual, pues, aunque estaba enfermo físicamente, pide: “sana mi alma”, y, por último, confiesa su pecado diciendo: “porque contra ti he pecado”. Es decir, sabe que no merece el perdón, por eso no se justifica, solamente, pide amparo en la misericordia de Dios.

Esta breve petición nos deja un ejemplo muy valioso para nosotros, porque todos hemos pecado y sus consecuencias nos acosan de diversas maneras.

El pecado es siempre contra Dios, Él es el ofendido por nuestros errores y locuras. Pero está siempre dispuesto a perdonar a quién arrepentido se vuelve a Él pidiendo misericordia.

¿Has pecado contra Dios? ¿te has arrepentido? ¿te has acogido a la misericordia de Dios?

Él está esperando tu regreso, no lo dejes para mañana.

El libro de la vida: Job | Antiguo Testamento

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El Libro de Job nos ayuda a entender lo siguiente: Satanás no puede traer sobre nosotros la destrucción financiera y física, a menos que sea bajo el permiso de Dios. Dios tiene el poder sobre lo que Satanás puede y no puede hacer.

Está más allá de nuestra humana habilidad para entender el “¿por qué? detrás de todo el sufrimiento en el mundo. Los impíos recibirán su justo pago. No siempre podemos culpar por nuestro sufrimiento al pecado y nuestro estilo de vida.

El sufrimiento puede ser permitido a veces en nuestras vidas con el fin de purificarlas, probarlas, o enseñar o fortalecer el alma. Dios sigue siendo suficiente, y pide y merece nuestro amor y alabanza en todas las circunstancias de la vida.