Salmo 41 – Defensa y Esperanza (245)

Salmo 41 Versículos 10-13: Defensa y Esperanza
Bienvenidos a Miradas. Nuestro diario recorrido por el libro de los salmos ha llegado ya al final del salmo cuarenta y uno.
Escrito por David, cuenta uno de sus malos momentos, enfermo y con enemigos crueles y un amigo íntimo traicionándole.
Como este salmo es breve lo leeremos entero y después comentaremos los versículos diez al trece con los que termina el salmo.
El salmo cuarenta y uno dice así: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová. Jehová lo guardará, y le dará vida; Será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad. Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado. Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre? Y si vienen a verme, hablan mentira; Su corazón recoge para sí iniquidad, Y al salir fuera la divulgan. Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen; Contra mí piensan mal, diciendo de mí: Cosa pestilencial se ha apoderado de él; Y el que cayó en cama no volverá a levantarse. Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar. Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar, Y les daré el pago. En esto conoceré que te he agradado, Que mi enemigo no se huelgue de mí. En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre. Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos. Amén y Amén”.
Después de leer el salmo cuarenta y uno vamos a detenernos en los cuatro últimos versículos que dicen así:
“Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar, Y les daré el pago. En esto conoceré que te he agradado, Que mi enemigo no se huelgue de mí. En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre. Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos. Amén y Amén”.
Estos últimos versículos tratan dos temas: la petición del salmista y un reconocimiento de la salvación eterna de Dios.
Comienzan estos versículos con la petición siguiente:
“Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar, Y les daré el pago.
En esto conoceré que te he agradado, Que mi enemigo no se huelgue de mí.
Se inicia pidiendo misericordia, no reclamando derechos, sino pidiendo clemencia.
Es siempre la actitud correcta, porque ¿Quién puede exigir algo a Dios? ¿con qué derecho?
La única forma de acercarnos a Él es con humildad. Pide seguidamente la victoria sobre sus enemigos como muestra de la misericordia de Dios, pues dice:
“En esto conoceré que te he agradado, Que mi enemigo no se huelgue de mí”.
El final de la oración toma otro derrotero pues hace referencia a la esperanza en Dios y en su eternidad, pues dice:
“En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre. Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos. Amén y Amén”.
Dice que “me has hecho estar delante de Ti para siempre”.
¡Preciosa esperanza!