Salmo 42 – Deseo de Dios (246)

Salmo 42 Versículos 1-2 Deseo de Dios
Bienvenidos a Miradas. Continuamos avanzando por el libro de los salmos, que es el libro más extenso de la Biblia, y, como hemos dicho ya otras veces, el más citado por los escritores del Nuevo Testamento.
Hoy comenzamos a recorrer el salmo cuarenta y dos que nos presenta una situación de soledad y tribulación que hacen desear la comunión de los fieles, y, sobre todo, la bendición de Dios.
Cada día leeremos el salmo entero y meditaremos especialmente en una parte del mismo hasta completarlo.
El salmo cuarenta y dos dice así:
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.
Después de leer el salmo cuarenta y dos entero vamos a meditar con detalle en los versículos uno y parte del dos, que dicen así:
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”.
Utilizando un lenguaje propio de la vida en el campo ilustra su ansia de sentir la comunión con Dios de forma plena. Veamos la primera frase, el salmista dice:
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía”.
Parte el salmista de la imagen de un ciervo que tiene muchísima sed, tanta, que va andando y berreando, para ilustrar su intenso deseo de sentir en su vida la presencia de Dios, deseo que expresa con su oración.
Pero, seguidamente matiza su deseo con la siguiente frase, que especifica algo esencial, pues dice:
“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”.
Primero repite su ansia de sentir a Dios en su vida, y, para no dar lugar a confusión, aclara que se trata del Dios que vive, es decir del auténtico Dios, no de un diosecillo de este mundo, no una burda imitación.
¡Qué importante es buscar la comunión con Dios, con el único Dios verdadero, con el que vive eternamente, con el único que puede dar vida eterna al que le busca!