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Salmo 42 – Momentos difíciles (249)

Imagen del programa Salmo 42 – Momentos difíciles (249) en Radio Solidaria

Salmo 42 Versículos 7-9: Momentos difíciles

Bienvenidos a Miradas. Nuestro continuo recorrido por el libro de los salmos llega hoy casi al final del salmo cuarenta y dos, que leeremos completo y después nos detendremos en los versículos siete al nueve.

El salmo cuarenta y dos, que es una oración ferviente de un creyente desanimado, dice así:

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.

Los versículos siete al nueve, de los que nos ocupamos hoy, dicen así:

“Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?”.

El salmista comienza describiendo una situación de hundimiento, como si se estuviese ahogando, pues dice: “Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí”. Pero, seguidamente, hace una afirmación esperanzada de confianza en Dios, pues dice:

“Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo Y mi oración al Dios de mi vida”. Y, tras esto, se vuelve de nuevo a lamentar delante de Dios por su soledad y el aparente abandono en que está en medio de sus enemigos, su queja casi parece un reproche por su intensidad, pues dice:

“Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?”. Podemos distinguir en esta protesta tres cosas:

La primera es la confianza y seguridad del salmista en Dios, pues comienza diciendo:

“Diré a Dios: Roca mía”. La segunda es una queja en toda regla, pues dice: “¿por qué te has olvidado de mí?”.

Y, la tercera, muestra el dolor de su vida, pues dice: “¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?”. Como diciendo, si soy tuyo, ¿por qué me pasa esto?

¿Le dices tu a Dios todo lo que te pasa?