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Salmo 42 – Espera dolorosa (250)

Imagen del programa Salmo 42 – Espera dolorosa (250) en Radio Solidaria

Salmo 42 Versículos 10-11: Espera dolorosa

Bienvenidos a Miradas. Seguimos nuestro diario paseo por el libro de los salmos y hoy terminamos el salmo cuarenta y dos, un salmo muy cercano a las experiencias de soledad y desánimo, pues es la oración de un creyente que no tiene más apoyo que Dios y se aferra a Él con firmeza, aunque sin disimular su estado de desmoralización.

El salmo cuarenta y dos dice así: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”. Después de leer todo el salmo volvamos a leer los dos últimos versículos, a los que dedicaremos nuestra Mirada de hoy, y que dicen así:

“Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.

La primera frase de estos versículos, cuenta el dolor del salmista, que es continuamente atacado por sus enemigos, que se burlan de él con saña, pues dice así:

“Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?”.

Y que esto no era ocasionalmente, era cada día, y, al parecer, las cosas en la vida del salmista no iban bien y eso daba más fuerza a los ataques y burlas de sus enemigos y aumentaban el desánimo del salmista, porque esas palabras le dolían como golpes.

Entonces el salmista entabla una conversación consigo mismo, reprochándose su bajón moral como algo impropio, pues dice: “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí?”. Y, seguidamente, da las razones de su reacción, diciéndose: “Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.

Esta frase tiene dos partes muy claras, la primera es exhortación firme.

“Espera en Dios; porque aún he de alabarle”. Y, la segunda es una confesión de confianza esperanzada en Dios: “Salvación mía y Dios mío”.

Imitemos al salmista en la soledad y el desánimo.