Salmo 43 – Atracción (253)

Salmo 43 Versículo 3: Atracción
Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y ya estamos en la mitad del salmo cuarenta y tres.
Este salmo es una oración con múltiples acentos, que van desde la queja a la esperanza, pasando por la adoración y el auto reproche.
Como es breve, lo leeremos entero para después dedicar nuestra atención al versículo tres.
El salmo cuarenta y tres dice así:
“Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa; Líbrame de gente impía, y del hombre engañoso e inicuo. Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo? Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; Me conducirán a tu santo monte, Y a tus moradas. Entraré al altar de Dios, Al Dios de mi alegría y de mi gozo; Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.
Tras leer el salmo cuarenta y tres, vamos concentrar nuestra atención en el versículo tres del mismo para examinarlo con detalle.
El versículo tres del salmo cuarenta y tres dice así:
“Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; Me conducirán a tu santo monte, Y a tus moradas”. Este versículo parece de otro salmo distinto, ya que, aunque es una petición es muy diferente del resto del salmo, vamos a examinarla, frase por frase.
La primera frase dice así: “Envía tu luz y tu verdad”. Es un ruego muy singular que busca recibir de Dios dos cosas muy importantes, la luz y la verdad.
La luz para ver bien las cosas, las situaciones, las circunstancias, es decir, para comprender bien lo que ocurre, para diferenciar perfectamente entre lo falso y lo cierto. Además, añade, la verdad de Dios, es decir, su palabra santa que permite contrastar los dichos humanos y percibir si se ajustan a lo que dice Dios o no.
En suma tener siempre la información correcta para tomar las decisiones adecuadas en todo momento.
Esto se confirma con el resto de la frase pues añade “éstas me guiarán”, cuando andamos de noche por un camino de montaña es imprescindible tener luz para saber donde se pisa y saber cual es la ruta correcta para no extraviarse.
Eso pide el salmista de Dios, claridad e información para ser conducido con seguridad por la ruta difícil de la vida, cuando dice: “Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán”. Pero su ruego es aun más ambicioso pues añade un destino al decir:
“Me conducirán a tu santo monte”. Es decir, traducido a nuestra forma de hablar, las informaciones de tu palabra me darán la claridad suficiente y la información necesaria para acercarme a Dios, para llegar hasta percibir su presencia como si me hubiese acercado a su misma gloria.
Es necesario no perder de vista que la información necesaria para acercarse a Dios solo podemos encontrarla en su palabra santa. Pero, como si el salmista se hubiese envalentonado al pensar esto, añade:
“Y a tus moradas”. Esta parte de la petición nos recuerda a Moisés, hablando con Dios en el Sinaí y pidiéndole: “muéstrame tu gloria”.
Y es que cuanto más cerca estemos de Dios más cerca deseamos estar, atraídos por su excelsa gloria.