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Salmo 44 – No se entiende (258)

Imagen del programa Salmo 44 – No se entiende (258) en Radio Solidaria

Salmo 44 Versículos 9-14: No se entiende

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y estamos ya en la mitad del salmo cuarenta y cuatro.

Este salmo es sorprendente, porque lo normal es una oración que va desde la necesidad a la confianza y este es a la inversa, pues va desde la confianza a una situación de abandono incomprensible y termina con una petición casi desesperada.

Como el salmo es regularmente extenso, leemos cada día unos cuantos versículos y los comentamos en detalle.

Hoy leeremos los versículos nueve al catorce para después ir deteniendo nuestra mirada en cada frase.

Los versículos nueve al catorce del salmo cuarenta y cuatro, que inician el cambio de la confianza y la alabanza a la incomprensión y la petición angustiosa, dicen así: “Pero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar; Y no sales con nuestros ejércitos. Nos hiciste retroceder delante del enemigo, Y nos saquean para sí los que nos aborrecen. Nos entregas como ovejas al matadero, Y nos has esparcido entre las naciones. Has vendido a tu pueblo de balde; No exigiste ningún precio. Nos pones por afrenta de nuestros vecinos, Por escarnio y por burla de los que nos rodean. Nos pusiste por proverbio entre las naciones; Todos al vernos menean la cabeza”.

Este fragmento del salmo podemos titularlo. “no lo entiendo”.

Porque el salmista está desconcertado y dolorido porque ve que Dios ha abandonado a su pueblo y no proporciona victorias sino derrotas y vergüenza.

Veamos frase por frase, comienzan estos versículos así:

“Pero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar; Y no sales con nuestros ejércitos”. Las derrotas son evidentes y sonrojantes, ¿Qué está pasando? ¿por qué Dios les ha vuelto la espalda? ¿Dónde está su poderosa ayuda y protección? Porque, además, las cosas van de mal en peor. Pues, el salmista sigue diciendo:

“Nos hiciste retroceder delante del enemigo, Y nos saquean para sí los que nos aborrecen”.

El pueblo al que Dios daba las victorias, ahora retrocede y es saqueado.

Esto no se entiende. Pero aun hay más, esto es como un tobogán en el que no se puede parar, ya que añade:

“Nos entregas como ovejas al matadero, Y nos has esparcido entre las naciones”.

Esto era muchísimo más que una o varias derrotas, era el destierro, era terrible. Pero aun había más, pues el salmista sigue diciendo:

“Has vendido a tu pueblo de balde; No exigiste ningún precio”.

Vamos como si Dios de repente no valorase a su pueblo y lo tirase como algo inservible. Para completar la descripción de esta situación tan dramática el salmista se refiere a las consecuencias ante los demás pueblos que ensombrecen aun más la situación, pues dice:

“Nos pones por afrenta de nuestros vecinos, Por escarnio y por burla de los que nos rodean”.

Esto dolía aun más ya que era la burla producida por el abandono de Dios.

La siguiente frase recuerda una situación similar y completa este cuadro tan doloroso, al decir: “Nos pusiste por proverbio entre las naciones; Todos al vernos menean la cabeza”. Si solo tuviésemos esta parte del salmo quedaríamos sumidos en el desconcierto.

En una situación tan difícil e incomprensible seguían orando. Imitémosles.